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Se dice que quien mejor nos conoce es quien más puede llegar a lastimarnos, aforismo que, aplicado en las relaciones de pareja (noviazgos y matrimonios), es totalmente verdadero. Y es que tratándose de comportamientos dañinos hacia nosotros, lo cierto es que no hay nadie en este mundo como nuestr@s novi@s o espos@s para lastimarnos. No debería de ser así, pero lamentablemente así sucede,

Sin embargo, una parte importante sobre poder lidiar con aquellas heridas que nos causan o que les causamos a nuestras personas amadas tiene que ver con la capacidad de saber perdonar y saber pedir perdón cuando de por medio ha habido una acción de consecuencias negativas capaz de poner en riesgo el futuro de nuestra relación.

Cierto, una de las cosas más liberadoras que existen en este universo es el perdón; lamentablemente a los seres humanos cada vez nos cuesta más trabajo ejercerlo de manera sincera y genuina porque permitimos que para casos muy específicos (una infidelidad, por ejemplo) el sentimiento rector de nuestras acciones y pensamientos sea el rencor.

¿Qué le sucede a nuestra condición de humanos, de seres pensantes y racionales, cuando alguien nos ha ofendido, se acerca a pedirnos el perdón con verdadero arrepentimiento, nosotros lo concedemos, pero sin embargo lo hacemos “de dientes para afuera” porque, a la primera oportunidad que tenemos, le echamos en cara al ofensor el mal que nos ha hecho así hayan pasado varios años de la afrenta que nos propinó?

En nuestra susceptibilidad sabemos que hay ofensas o insultos que abren verdaderas zanjas emocionales en nuestro espíritu y cuando son ocasionadas por una persona que amamos el dolor se magnifica. Pero si no aprendemos a desprendernos de esas heridas evitaremos que el perdón nos rescate de esa prisión mental en la que nosotros mismos nos hemos encerrado y que en el corto y mediano plazos nos causará muchísimo daño, incluso a nivel físico.

Perdonar nos permite abonar en el terreno de nuestra propia sanación y nos extirpa ideas dolorosas que nos impiden crecer en todos los terrenos. Si nos caracterizamos por ser personas implacables e inamovibles en nuestras decisiones emocionales, sólo nos estaremos manifestando como entes rencorosos, llenos de prejuicios e invadidos de prejuicios que seguramente incubados en nuestro ser desde nuestra infancia misma.

Todas las parejas atraviesan por conflictos, algunos más serios que otros, pero si ambos despliegan el razonamiento cuando esas circunstancias negativas se hacen presentes, entonces estaremos hablando de dos individuos comprometidos con su relación y siempre dispuestos a buscar soluciones lógicas a los problemas que se presenten, por muy complicada que parezca la solución de éstos.

Amig@s, hay que aprender a perdonarnos. Saber escuchar a nuestra pareja y ejercer la tolerancia y la misericordia con él/ella sólo puede arrojarnos saldos positivos. El diálogo, el respecto, pero sobre todo el amor, deben ser los ejes rectores de nuestras vidas.

Contacto.- alessandriniyazmina@yahoo.com.mx Twitter: @yalessandrini1

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