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El viernes 16 de febrero murió en una cárcel de Siberia el opositor al gobierno ruso Alexéi Navalny. Según el informe oficial del gobierno de Rusia: “Se le practicaron los necesarios procedimientos de reanimación, que no dieron ningún resultado. Los médicos de urgencias constataron la muerte del condenado. Se están estableciendo las causas del fallecimiento”.

Y que este viernes –informaron- después de dar un paseo en la penitenciaría IK-3 “se sintió mal”, tras lo que “perdió el conocimiento”. Murió a los 47 años.  

La penitenciería IK-3 está ubicada en la población de Jarp, cerca del Círculo Polar Ártico, próxima a la cordillera de los Urales, a casi 2 mil kilómetros de Moscú o unas 45 horas en tren desde la capital rusa. Fue confinado ahí en diciembre pasado. 

Navalny fue una permanente piedra en el zapato del presidente ruso Vladimir Putin. Se convirtió en su máximo opositor. Muy influyente y con un creciente número de seguidores dentro del país.  

Se oponía a lo que consideraba atentados a las libertades y derechos de todo ciudadano: la libertad de expresión política era su prioridad. Acusaba corrupción en las empresas del estado ruso. Se oponía a la falta de democracia en Rusia, decía.

Se oponía a las constantes reelecciones del presidente (Vladimir Putin es presidente de Rusia desde 2000). El pasado 7 de diciembre Navalny pidió, desde la cárcel, votar contra el presidente en las elecciones del 17 de marzo de 2024.

Desde 2010 criticó la política rusa cuando denunció la corrupción en el gobierno y las empresas de Rusia. El 6 de marzo de 2012 fue detenido junto con otros manifestantes después de que Putin ganara un tercer mandato como presidente el 4 de marzo, con algo menos del 65% de los votos.

El 20 de marzo de 2013 fue acusado de malversar 500 mil dólares en un negocio de madera estatal cuando era asesor del gobernador de la región de Kirov. Fue a la cárcel.  

Navalny sobrevivió en 2020 a un intento de envenenamiento con el agente químico Novichok. Fue atendido en Alemania. Después su salud fue a mal luego de que se declarara en huelga de hambre entre marzo y abril de 2021, semanas en las que perdió mucho peso y tuvo atención médica urgente. 

Ese año regresó de Alemania a Rusia. Sus conocidos y los gobiernos del exterior le pidieron no regresar porque peligraba su vida: no quiso. Una vez en Rusia fue confinado de nueva cuenta a una prisión cercana a Moscú, hasta diciembre de 2023 cuando fue enviado a la cárcel polar. 

La idea de que pudiera repetirse el envenenamiento surgió luego de que en 2021 Navalny se hizo pasar por uno de los jefes del Servicio Federal de Seguridad de Rusia y un agente le contó cómo fue envenenado. 

En un video Navalny le pregunta al agente ruso Konstantin Kudryavtsev, dónde es mejor poner el veneno. Este le responde: “Los calzoncillos”. Navalny pregunta exactamente dónde se aplicó el mortal Novichok: Si en las costuras internas o externas. “El interior, en la entrepierna”, respondió Kudryavtsev. Aquella vez salvó la vida. Ahora tendremos a “Vladimir, el Envenenador de Calzones”, le asestó al presidente Putin en aquella ocasión. 

El tema es que da la casualidad de que muchos de los opositores al gobierno de Putin han muerto en extrañas condiciones. Por ejemplo: 

Según una agencia de investigación secreta Checa, en Rusia se inventaron métodos para envenenar a los adversarios del estado sin dejar rastro. 

Piotr Verzilov murió por presunta aplicación de veneno, según uno de los médicos alemanes que lo atendieron. Esto por investigar los asesinatos de tres periodistas rusos en la República Centroafricana. En marzo de 2018, el agente doble ruso-británico Sergei Skripal y su hija Julia fueron envenenados en Inglaterra con Novichok, un veneno puesto en un frasco de perfume, según aseguraron fuentes del Reino Unido. Putin llamó a Verzilov: “Traidor a la patria”.

El opositor Vladimir Kara-Mursa fue envenenado, como denunció él mismo, en dos ocasiones: la primera en mayo de 2015 y la segunda en febrero de 2017. Ambas veces el también vicepresidente de Rusia Abierta –una ONG que promueve la sociedad civil y la democracia en Rusia– estuvo en coma. Kara-Mursa murió. Médicos de Francia encontraron rastros de metales pesados en su cuerpo.

En el 2012, Alexander Perepilichny murió con 44 años mientras corría. El diagnóstico oficial fue infarto. Luego se supo que fue envenenado. Perepilichny había sido incluido en una lista de objetivos que se querían muertos para encubrir el robo de 230 millones de dólares del Tesoro de Rusia. 

Alexander Litvinenko, un ex oficial del servicio de inteligencia nacional de la Federación de Rusia, falleció en un hospital de Londres en noviembre de 2006 tras enfermarse repentinamente. 

Una investigación arrojó que fue envenenado con Polonio 210 (un material altamente radioactivo). Litvinenko se refugió en Reino Unido a principios de 2000, luego de que denunciara que sus superiores le habían ordenado que asesinara al empresario Boris Berezovksy.

La gran Rusia. El país que ha hecho enormes aportaciones a la cultura y al desarrollo mundial. Rusia, que nos ha dado a grandes escritores: Tolstoi, Dostoyevsky, Gorki, Chejov, Lérmontov.  A grandes músicos: Tchaikowsky, Shostakovich, Stravinski, Rajmáninov… Filósofos… científicos… técnicos… investigadores y grandes aportaciones a la ciencia de la salud… 

Un país glorioso cuya historia es una gesta de lucha y gloria; de fracasos y recuperación. Un país sí, muy querido. Pero también un país en cuyos claroscuros están su política y sus políticos, siempre en conflicto y siempre enfrentados a sus propios ciudadanos en libertad y democracia. 

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