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LOS MUNDIALES DE FÚTBOL NO SON RENTABLES PARA LOS PAÍSES SEDE

LOS MUNDIALES DE FÚTBOL NO SON RENTABLES PARA LOS PAÍSES SEDE

*Cuando el Mundial termina, se enfrentan retos importantes. Si bien el auge en turismo y consumo suele ser temporal, muchos de los costos (infraestructura, mantenimiento de estadios, servicios) persisten*

Organizar un evento como la Copa Mundial de la FIFA tiene un impacto económico enorme. Implica inversiones gigantescas, pero también abre la puerta a oportunidades que pueden impulsar distintos sectores de la economía. 

La importancia de un Campeonato Mundial de Fútbol en la economía de los países anfitriones tiene que ver con la capacidad para generar actividad económica masiva en un corto periodo.

La llegada de fanáticos nacionales e internacionales reactiva el turismo, la hotelería, los restaurantes, el comercio, el transporte, el entretenimiento y los servicios a ellos asociados.  Además, preparar un mundial suele implicar inversiones en infraestructura: estadios, transporte, aeropuertos, hoteles, redes de servicios, lo que puede impulsar la construcción, generar empleos, y dejar un legado físico de largo plazo. 

Por ejemplo, en el caso del Qatar 2022 (tal como reporta un estudio del Fondo Monetario Internacional (FMI)) las contribuciones inmediatas al PIB provinieron del gasto de visitantes y derechos de transmisión, estimadas entre 0.7% y 1.0% del PIB de ese año.

En otros casos, como el 2018 en Rusia, se reportó que la organización generó ingresos para la economía rusa que superaron los $14 mil millones de dólares en total, aunque la evaluación del impacto en el crecimiento del PIB debe matizarse por temporales y estructurales. 

Los campeonatos mundiales no siempre aportan beneficios económicos a los países organizadores. Cuando el Mundial termina, se enfrentan retos importantes. Si bien el auge en turismo y consumo suele ser temporal, muchos de los costos (infraestructura, mantenimiento de estadios, servicios) persisten. Si los nuevos recintos no se reutilizan adecuadamente, pueden volverse “elefantes blancos”: caro mantenimiento, sin beneficios proporcionales.

Estudios recientes concluyen que en el corto plazo estos mega eventos pueden representar una pérdida económica neta: los ingresos difícilmente compensan todos los gastos, y los beneficios estructurales dependen fuertemente de la gestión post-evento. 

Algunos países terminan con balances positivos y otros, simplemente, no logran compensar los costos. La evidencia sugiere que los beneficios reales dependen de múltiples factores como infraestructura previa, calidad de gestión, uso posterior de las inversiones, absorción del turismo, etc.

En muchos casos, los nuevos estadios terminan subutilizados, lo que reduce el retorno sobre la inversión.

El análisis de los países sede de la Copa Mundial demuestra que, aunque el evento genera un gran flujo económico en turismo, consumo y visibilidad internacional, no siempre se traduce en una ganancia financiera real.

Casos como Rusia 2018 y, en menor medida, Brasil 2014 muestran que es posible obtener beneficios económicos cuando existe una infraestructura previa sólida y una correcta planificación del legado. Sin embargo, ejemplos como Qatar 2022 y Sudáfrica 2010 evidencian que las inversiones extremadamente elevadas pueden superar ampliamente los ingresos generados, dejando balances financieros negativos en el corto plazo.

Según proyecciones recientes, se espera que México reciba más de cinco millones de turistas adicionales durante el torneo, lo que podría generar una derrama económica de aproximadamente $3,000 millones de dólares. De esa cifra, una parte importante correspondería al sector turístico (hoteles, restaurantes, servicios, transporte), lo que representaría beneficios a corto plazo. 

Sobre cuánto podría crecer la economía mexicana con el Mundial, no hay cifras definitivas (depende mucho de la inversión, del gasto real, de la ocupación hotelera, del comportamiento post-evento). 

Tomando como referencia los efectos en otros países (como Qatar, con un impulso cercano a 1 % del PIB durante el evento), podría esperarse un empujón similar en el corto plazo, aunque el efecto estructural dependerá de las políticas de legado, uso de infraestructura, mantenimiento, y aprovechamiento del turismo e inversión posterior.

Lo que se espera para México después de que termine el Mundial dependerá en gran medida de las decisiones que se tomen: si la infraestructura construida o renovada se integra en un plan de desarrollo urbano sostenible, si los recintos se reutilizan, si el turismo se consolida o repite en futuras temporadas, y si se garantiza que las inversiones beneficien a la gente más allá del periodo del torneo. 

Aunque la Copa Mundial puede ser un poderoso motor de activación económica temporal gracias al turismo, consumo, empleo e infraestructura, su rentabilidad real para los países anfitriones no está garantizada, ya que los costos son enormes, los beneficios pueden ser efímeros, y mucho depende de la gestión y del legado.

Para México, la expectativa es grande (millones de visitantes, derrama económica importante), pero el éxito a largo plazo requerirá planificación, visión de desarrollo urbano y social, y un enfoque realista del retorno sobre inversión.

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