De acuerdo a lo dicho en semana por la Presidenta Claudia Shenbaum, será a principios del mes de febrero cuando por fin los medios de comunicación y la ciudadanía en general sepamos todo con respecto a su propuesta de reforma electoral que presentará al Congreso de la Unión. La mandataria ha dicho que, a grandes rasgos, se trata de una reforma que “le vas a gustar a todos”. Sin embargo, en una primera instancia, los primeros que ya fruncieron el semblante con esta propuesta son nada menos que los dos principales aliados del hoy partido hegenómico en el país, el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena). Me refiero al Partido del Trabajo (PT) y al Partido Verde Ecologista de México (PVEM), quienes prácticamente han sido cepillados y peluseados de las discusiones de tan delicado tema. Sospechan que los morenistas les van a hacer manita de puerco, pues todo indica que serán amplia y gravemente afectados con lo que se decida y eso es algo que podría desencadenar que la poderosa aplanadora guinda se descarrile de cara a las elecciones intermedias del 2027.
Y es que, a juzgar por la actitud que ha mostrado el dizque jefe de la comisión presidencial para la Reforma Electoral, Pablo Gómez Álvarez, todo indica que los morenistas serán los únicos que decidan todo aquello que tenga que ver con esta reforma, lo que se puede interpretar como un gravísimo error. Un disparo en el pie.
Para que tengan una idea de la importancia que tienen los diputados federales del PT y del PVEM en San Lázaro, bien vale la pena hacer el siguiente ejercicio: La Cámara Baja se compone de 500 diputados, para alcanzar una mayoría se requiere de dos terceras partea del total (334 diputados), Morena cuenta con 253 (ellos sólos no pueden alcanzar la mayoría calificada), mientras los petistas y los verdes junto suman 111 diputados… Morena necesita sí o sí de estos dos aliados. Sin ellos simplemente se hundirían.
Por ello, es se vital importancia que Morena incluya a estos dos partidos en las discusiones de una eventual reforma electoral, porque desde ya en las cúpulas nacionales de este par de aliados sospechan de que con este nuevo viraje constitucional que pretenden los guindas eventualmente los estarían perjudicando enormemente tanto en el tema de las prerrogativas como en el de las curules que podrían obtener a través de la vía plurinominal. En pocas palabras, sienten que los van a dejar fuera de la jugada. Y sí, efectivamente así es.
Así las cosas, más nos vale a todos estar muy atentos a lo que se decida y se discuta en los próximos días con respecto en temás torales como lo son: Las libertades políticas y la competencia; la represenstación y la sobrerrepresetación en el Congreso; el financiamiento y la fiscalización a los distintos partidos políticos; la efectividad del voto y los métodos de elección; la comunicación y la propaganda políticas; los requisitos e inmunidades de los candidatos y funcionarios electorales; y el rol que desempeñará la oposición en torno a esta eventual reforma electoral.
Y sobre la actuación y autonomía del Instituto Nacional Electoral (INE) ya ni se desgasten ni pierdan su tiempo en preocuparse. Ya todos sabemos desde que la señora Guadalupe Taddei asumió como la consejera presidenta de este órgano (dizque) autónomo, éste ya opera bajo un yugo totalmente oficialista, por lo que da lo mismo que siga como árbitro electoral o si los comicios regresan a ser potestad de la Secretaría de Gobernación, como en los años dorados del priismo.
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