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Más claro ni el agua, según nuestro hablar popular: México vive una de las más graves crisis informativas y de opinión del siglo XXI. Libertad de expresión y los periodistas están bajo amenaza. 

Al gobierno federal le retuerce las tripas la información periodística, la crítica y los que critican. Se siente agraviado, odiado, vilipendiado si los periodistas o medios de comunicación informan con verdad de los hechos de gobierno y sus consecuencias. Y de los casos de corrupción ni se diga. 

Ya se ha dicho hasta el cansancio que un periodista es como el árbitro de fútbol: Debe silbar cuando un jugador comete una infracción deportiva, pero no debe aplaudir las buenas jugadas porque sabe que es parte y responsabilidad del buen jugador. 

Con frecuencia, a través del invento más contradictorio que se pudiera haber hecho en los años recientes, el de Las Mañaneras, se denosta, se acusa, se señala, se descalifica, se agravia, se ofende, se miente, se intriga, se amenaza a quienes no son parte del gobierno y que hacen observaciones críticas en favor de los mexicanos, para que conozcan los hechos y su significado y para que, entonces, tomen sus decisiones individuales y colectivas que en democracia convengan. 

En Las Mañaneras la voz cantante es la del Poder Ejecutivo y de tiempo en tiempo su gabinete, que acude ahí para acompañar lo que la presidente quiere decir: Todo en tono de complacencia y de presuntos aciertos, nunca errores. Así se crea un gobierno de autodefensa, pero no de defensa de los mexicanos.  

Millones escuchan lo que ahí se dice, a pesar de que hay un alto porcentaje de mentiras y simulaciones; una forma extenuante de querer aparentar que vivimos en el país de la perfección hecha gobierno. Pero no es así; como no lo es en gran parte de los gobiernos del mundo. 

Por supuesto, en nuestro caso, todos queremos que el gobierno informe de sus hechos, de sus decisiones, de sus aciertos pero también de la aceptación de errores y su corrección. 

Que se respeten las leyes y que todos tengamos algo que ya existe y que merece su cumplimiento: El derecho a la información, consagrado, junto con el derecho a la Libertad de Expresión, en nuestra Constitución mexicana en su artículo 6º. 

Pero resulta que hoy el mensajero es el villano. El gobierno no ejerce autocrítica; no se revisan errores y mucho menos desatinos. Se cometen injusticias en contra de opositores mientras que el sólo hecho de pertenecer “a nuestro Movimiento”, como dicen ahí, los hace intocables, intachables, inmaculados, sin pecado concebidos, hagan lo que hagan.  

Y se vuelcan las diatribas en contra de los mensajeros, en contra de los periodistas profesionales que buscan la verdad y la dan a conocer; que reflexionan con rigor y elementos de verdad para expresar opiniones que merecen atención y obtener de ellas lo que convenga al país y su gente.

Esta crisis que ya es sombría comenzó desde el gobierno de Andrés Manuel López Obrador, el personaje endiosado por Morena-4T y adláteres: Acusan a la verdad de no serlo. Acusan y acosan a periodistas que muestran las grietas que se le han formado a la estructura política mexicana; perseguirlos, descalificarlos, amenazarlos, utilizando la fuerza del poder del Estado para amedrentar y para intentar hacerlos callar. 

Así, muchos periodistas han sido despedidos de sus medios; muchos otros quedan sin fuentes de información; muchos periodistas han muerto desde entonces: 

Según la organización “Artículo 19”, durante el gobierno de Obrador fueron asesinados un total de 47 periodistas en relación con su labor informativa. Muchos desparecieron. Muchos amenazados en su persona, su familia, su patrimonio. En lo que va del actual gobierno han sido asesinados 19 periodistas en distintos estados de la República… 

Así, México se sitúa como uno de los países en los cuales ejercer el periodismo es letal y peligroso.

Y para acabarla de amolar, la presidenta Claudia Sheinbaum ha iniciado trámites para enviar al Congreso, en el que la mayoría corresponde a su partido, para la denominada “Defensa de las audiencias”, lo que evidentemente es una defensa de la 4T y un ejercicio de censura.

El miércoles 12 de agosto, la consejera Jurídica de la Presidencia, Luisa María Alcalde, contando con la anuencia de su Jefa, dio a conocer unas listas de periodistas y medios a los que consideran críticos al gobierno de la 4-T-Morena. Son periodistas que han ejercido su derecho a la libertad de expresión y quienes han hecho observaciones críticas al actual régimen político mexicano.

Y son medios de comunicación, electrónicos, digitales, impresos, también enlistados para el conocimiento de todos los mexicanos. Las “listas negras”, las había propuesto también Salomón Jara, gobernador de Oaxaca un día antes del asesinato del periodista Alejandro Leyva en la entidad. 

Ya en Palacio Nacional se presentó esa lista “enemiga” al régimen y con ello se expone a los periodistas, comunicadores, analistas, medios, a la agresión, al odio, a la descalificación, a la diatriba y amenaza de los fanáticos integrantes, de grado o por fuerza, de Morena-4T. 

Pero sobre todo se expone a seres humanos que lo único que quieren es informar con veracidad y opinar con objetividad sobre lo que pasa en el país, su gobierno, su sociedad, su presente y futuro. 

Por supuesto el gobierno desmiente que haya mostrado esa “lista negra” de periodistas y medios. Pero ahí está. A la vista, al portador. Es el Poder Político transfigurado en enemigo de la verdad y de las libertades y derechos de todos los mexicanos. ¿Qué sigue? ¿Qué va a pasar? ¿Odio? ¿Sangre?

Es la vida del país. Es la vida de la democracia en México. En todo caso los periodistas y comunicadores seguirán por siempre, mientras que gobiernos y gobernantes duran su gestión y, después, de lo que hayan sembrado será la cosecha.

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