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En una sociedad como la nuestra, jurídica y legalmente cada vez es menos complicado que una pareja casada se pueda divorciar. Sin embargo, ajustándonos única y exclusivamente en el marco emocional y social, y refiriéndonos particularmente en los hijos, cuando los hay, es cada vez más complicado para éstos cuando su padre y su madre deciden poner fin a su relación y esta determinación la llevan hasta los juzgados especializados en la conflictiva de lo familiar para hacer material y tangible esta separación.

Es muy común que cuando en un matrimonio se presentan serias dificultades los principales componentes de éste (el esposo y la esposa) decidan divorciarse o no bajo el argumento (cierto o no) de “lo hice por mis hijos”. Sin embargo, ¿en qué momento realmente un hombre y una mujer están poniendo punto final a su relación pensando y actuando verdaderamente en el beneficio de sus vástagos.

Los niños y los adolescentes, la gran mayoría quisiera creer, suelen vivir en una especie de mundo ideal en el que todos los conceptos, preceptos y valores los aprenden y asimilan de sus padres. Es con ellos, hasta que comienzan a tener contacto con el mundo exterior (principalmente en la escuela), donde absorben prácticamente todos cuanto los forma psicológica, emocional, cultural y socialmente. Por tanto, todo el bagaje que los forma estructuralmente es responsabilidad de los papás y, desgraciadamente, cuando éstos deciden divorciarse, el mundo se les viene abajo a los chicos.

Cuando este escenario se presenta, el divorcio, es bien importante que exista muchísimo diálogo entre toda la familia. Los padres tienen la enorme responsabilidad de explicarle a sus hijos que la separación, en primer lugar no es 1) culpa de ellos y 2) no se están divorciando de ellos. Pero, sobre todas las cosas, tienen que hacerles entender que papá y mamá siempre van a ser sus papás. Obviamente, aquí las palabras tienen que venir reforzadas con acciones concretas y sólidas, y, por supuesto, no enviar mensajes equivocados a los hijos diciéndoles una cosa y actuando de manera contraria.

Así como los hijos no son culpables del divorcio de sus padres, éstos tampoco pueden lograr que sus papás se reconcilien y regresen. Así que es muy importante que, llegado el momento, también es trascendental que los adultos valoren y respeten los sentimientos de los menores y no los utilicen para perjudicarse entre sí y hacerse la vida de cuadritos con una serie de acciones (legales y cotidianas) que poco a poco abonarán en el terreno de distorsionar y afectar, a veces de manera permanente, la imagen y el concepto que los chicos pueden tener tanto de su padre como de su madre. Obviamente aquí es muy importante buscar y conseguir ayuda profesional (un consejero) para todos y que tanto el padre como la madre sean lo suficientemente sensibles para, en presencia de uno y en ausencia del otro, no se dediquen a alienar a sus hijos porque, al final del día, no hay nada más triste en este mundo que ver y escuchar a una mamá y a un papá hablándole pestes a sus vástagos sobre aquel que no está presente.

Cuando el divorcio se presenta, con éste vienen aparejadas varias nuevas circunstancias para todos. Por lo mismo, es necesario que todos comprendan que hay vida para todos después de la separación y que todos los nuevos cambios que seguramente se presentarán tienen que ser manejados con mucha inteligencia, respeto, sensibilidad y amor. Pero no olviden que la responsabilidad de llevar a buen puerto esta situación recae única y exclusivamente en los padres.

Contacto.- www.lapoliticamedarisa.mx

alessandriniyazmin@yahoo.com.mx

Twitter / X: @yalessandrini1

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