En tiempo récord, pues apenas le tomó 14 meses, el doctor David Kershenobich Stalnikowitz, actual Secretario de Salud, pasó de ser una de las mentes más brillantes del ámbito médico nacional a convertirse en un palero ideológico, pues en lugar de entregar las 15 mil “Farmacias del Bienestar” que el Gobierno Federal prometió estarían instaladas al interior de las “Tiendas del Bienestar” a partir de agosto pasado, prefirió tomarle el pelo a millones de mexicanos, incluida la Presidenta Claudia Sheinbaum, con 15 mil carritos expendedores de mejoralitos, gasas y merthiolate muy parecidos a los que se utilizan para vender gelatinas, churros rellenos o botanas.
¡Una verdadera mentada de madre!
Pero alégrense, mis atribulados connacionales. Según la mano derecha del doctor Kersenobich, el subsecretario de Integración y Desarrollo del Sector Salud, Eduardo Clark García Dobarganes, las personas que vayan por sus medicamentos irán a estos carritos sin tener que entrar a la unidad de salud. Tampoco tendrán que pedir ficha ni hacer cita ni hablarle a nadie ni pedir un favor para entrar. ¡Hurra! ¡Ya la hicimos!
No cabe duda que don David y Lalito pensaron en todo. Estoy segura que esta novedosa alternativa implementada con tecnología de punta y que desde ya nos está envidiando la mismísima NASA, tendrá en sus anaqueles retrovirales y fármacos para tratar el cáncer. ¡Tráguense ésta, malditos neoliberales!
Y por si esto fuera poco, ¡agárrense!, pues #LordBloqueNegro, Martí Batres Guadarrama, el director del Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE), ya giró instrucciones para que todo el personal a su mando sea capacitado en una novedosa modalidad terapéutica para los derechohabientes: Los “apapachos del bienestar”, los cuales se aplicarán vía telefónica para paliar el todavía persistente desabasto de medicamentos, insumos y tratamientos. Y es que para los próceres de la 4ª Transformación definitivamente la ciencia, la medicina, la tecnología y los tratamientos de especialidad están sobrevalorados.
Así que si padeces de alguna enfermedad crónico-degenerativa, te hacen falta tus medicamentos o te traen a las largas con una fecha para un ultrasonido, una resonancia magnética o requieres con urgencia unos estudios, marca el 01-800-Apapacho y cuéntale tus penas a la operadora. En una de esas hasta te toca que te atienda la llamada don Martí, cuyo argumento para justificar este disparate es verdaderamente de pena ajena:
“Vamos a inculcar lo que hemos llamado el ‘apapacho institucional’; la palabra apapacho viene del náhuatl ‘papatzoa’, que significa ‘abrazar el alma’. Entonces, inculcamos en todos nuestros equipos que se dé el apapacho institucional, pues el apapacho es terapéutico y curativo”. No, pos sí.
Así las cosas, me muero de ganas (toco madera, no me quiero morir) por conocer los futuros consultorios y quirófanos del bienestar porque, como dijera el santro patrono de las causas morenistas: No se requiere de mayor ciencia para sacar una muela o hacer una cirugía; cualquiera con un martillo y un cuchillo de cocina puede ser su propio doctor.
¿Saben qué? Mejor no se enfermen, por favor…
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