Sucedió cuando estaban en la facultad. Se conocieron y el flechazo fue inmediato, se enamoraron perdidamente y pronto se hicieron la promesa de pasar el resto de sus días juntos. A él parecía no importarle en lo más mínimo el feo lunar con vellos que ella tenía en la mano derecha y su inexplicable fobia hacia las personas de rasgos orientales; a ella, supuestamente no le incomodaba que él hiciera esos extraños ruidos cuando comía y que cuando dormían él, en lo más profundo de su sueño, soltaba patadas… sin embargo, apenas dos años después de haberse casado, Vicente y Laura se divorciaron.
¿Bajo qué causal esta “pareja ideal” solicitó la disolución del vínculo matrimonial? ¡Intolerancia!
Ésta historia bien podría parecerse a la de much@s de nosotr@s. A causa de la precipitación, multitudes de hombres y mujeres unen sus vidas sin siquiera conocer un poco a profundidad a sus parejas, ignorando por completo el enorme equipaje de rasgos y costumbres con los que llegarán a ese lugar al que se referirán como “nuestro hogar” y el que poco a poco se resquebrajará por las tan llevadas y traídas diferencias irreconciliables.
Tolerar significa “aguantar”, “soportar” (en un lenguaje más coloquial muchos le dicen “apechugar”), términos que la mayoría entiende como tener que cargar a la fuerza y eso a la larga va creando una sensación de molestia reprimida. Por eso, en pos de construir una relación estable y sólida, es de suma trascendencia que aprendamos a ser tolerantes, pero también buenos conciliadores que saben negociar en la búsqueda de los indispensables “términos medios”.
Es lógico que cuando dos personas toman la determinación de iniciar una vida en común compartiendo el mismo espacio en algún momento empezarán a surgir las diferencias y las discrepancias de todo tipo: sociales, ideológicas, psicológicas, religiosas, etcétera… cada uno llegará con su bagaje de conceptos y actitudes, y por mucho amor que haya de por medio, va a ser muy complicado que al inicio logren adaptarse el uno al otro con éxito. Pasarán muchas discusiones, varias serán las noches en las que uno de los dos se quede dormido en la cama y el otro declare la retirada hacia el sofá, incluso habrá amenazas en ambos bandos por regresar al nido familiar y olvidarse de esa loca aventura que muchos llaman matrimonio… pero la clave para la consecución de una pareja fuerte y estable será la madurez y el nivel (¡sí, se los dije!) de tolerancia que sean capaces de desplegar para solventar cualquier mala situación.
¿Le sudan los pies?, ¿gasta como si fueran billonarios?, ¿no cierra bien el tubo de la pasta dental?, ¿deja recipientes vacíos adentro del refrigerador?, ¿hace sonidos desagradables cuando mastica chicle?, ¿dice que tus amig@s son una panda de frívol@s materialistas?, ¿en las fiestas familiares se pasa de cucharadas y te hace pasar unos osos terribles? ¡Pues abran la puerta del diálogo! Hablen, debatan, discutan, negocien, acuerden, respétense (en lo individual y como pareja) y busquen en lo más profundo de su ser esos elementos que nos distinguen como los únicos animales racionales de la creación.
Transformen la intolerancia en tolerancia y aceptación.
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