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Para muchos hombres (primordialmente me refiero a los que están casados) la frase que da título a mi colaboración de esta semana les suena a reclamo, a reproche, a “cantaleta” o, en el peor de los casos, a un descarado pretexto femenino para hacerlos quedar a los ojos de todo el mundo como los villanos de la película. Sin embargo, para su desgracia (la masculina), cada vez son más y más las mujeres que día a día engrosan en gran cantidad las filas del triste ejército de féminas cuya sexualidad está prácticamente en ceros porque sus esposos ya no se sienten atraídos por ellas en la intimidad.

Varios son los factores (y también los pretextos) que condicionan y detonan esta especie de “anorexia  sexual” que muchos hombres experimentan con relación a sus esposas. Y en la mayoría de los casos el tiempo de matrimonio que lleven ni tiene ninguna incidencia en esta complicada dinámica que pone a uno en inapetencia y a otro en dieta; porque está documentado que hay matrimonios de reciente consolidación en los que el varón, de plano, no quiere tener relaciones sexuales con su pareja.

Muchas son las mujeres que reclaman, con total justificación, que la indiferencia sexual de sus maridos hacia ellas cuando éstas se embarazan llega a grados inconcebibles. Por un lado, hay varios caballeros que una mujer encinta no debe tener sexo “por motivos médicos” (¡vaya ignorancia!); otros consideran poco atractiva a una doncella provista de una enorme barriga provisional y una vez que ésta da a luz resulta que ya no les llama la atención su cuerpo porque a) se llenaron de estrías, b) se quedaron gordas, c) siempre están cansadas por cuidar al bebé y… podría seguir con más incisos.

Por otra parte, también hay muchísimos casos dignos de ser estudiados, analizados y diagnosticados por expertos en psicología y conflictos de pareja, en los que el hombre desde un principio encuentra sumamente difícil aumentar su libido con respecto a su pareja y las mujeres en general. Esto en la época del noviazgo la mujer lo puede considerar como una especie de respeto premarital que ella valora y reconoce en su educado prospecto; pero cuando ya están cansados y la cotidianeidad  los involucra en una burbuja común y ella se da cuenta que su marido tiene muy poco entusiasmo en torno al sexo, suele convertirse en un problema muy serio que puede llevarlos a un consultorio solicitando terapia o a un juzgado donde puedan divorciarse.

Y ¡claro!, también existen aquellos “machos alfa” que una vez ejercido el montaje del cazador-presa y han asegurado  a su víctima con  el anillo de casados y el acta de matrimonio firmada, pierden el interés en ella para salir de casa todos los días con los colmillos bien afilados para hundirlos en una nueva presa. En casos como éste hay que puntualizar que la mujer queda eximida de toda culpa, lamentablemente se casó con un patán. Punto.

Antes de llegar a un escenario como el aquí descrito, amig@s lectores, yo los invito a que todos los días intenten renovar el romance que sus parejas, que no den por garantizado el amor que se tienen uno al otro y que a pesar de las cargas de trabajo, el estrés de los hijos y las interminables situaciones que provocan que nos olvidemos de lo más esencial nos atrapen, procuremos ver en nuestras parejas al “galán de galanes” y a la “reina de reinas” con los que siempre queremos hacer el amor.

Contacto.- www.lapoliticamedarisa.mx

      alessandriniyazmin@yahoo.com.mx

     Twitter / X: @yalessandrini1

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OAXACA: ‘MATAR AL RUISEÑOR’

OAXACA: ‘MATAR AL RUISEÑOR’

Aquella mañana del miércoles 22 de julio, muy temprano, como era su costumbre, había escrito su columna: “El zumbido del moscardón”. Ya la había enviado

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