En estos tiempos modernos hombres y mujeres cada vez están más sensibilizados y a nivel de relaciones de pareja, cuando se presenta una ruptura (ya sea de un noviazgo o un matrimonio) cada vez son más frecuentes los casos en que ambos deciden en que no hay ninguna necesidad de terminar agarrados de la greña y aventarse hasta el plato del perro. No, nada de eso, ésta ya son otras épocas y tanto ex novios como ex esposos pueden convivir civilizadamente después de haber finalizado sus respectivas relaciones…
¡Sí, cómo no!
Olvídense del socorrido “¿pero podemos seguir siendo amigos, verdad?”. ¡Para nada! No hay autoengaño más cruel que podamos administrarnos los seres humanos que aquel que pensar que nuestr@ ex novi@ o ex espos@ puede seguir siendo parte activa de nuestra vida tras una separación por muy amistosa que ésta hubiera sido. Nada de eso. Son muchos los ejemplos y los casos que como experta en estos temas, me llevan a la sólida conclusión de que, si no hay hijos de por medio para aquellos que estuvieron, lo mejor es que pongan tierra y kilómetros de por medio porque, de no hacerlo, estarían condenados a vivir una distinta clase de infierno del que lograron salir al separarse o divorciarse.
Nunca olviden que “caras vemos, obsesiones no sabemos”, así que es muy sano para ambos involucrados que bajo ninguna circunstancia pretendan forjar una amistad con un ex novio, una ex novia, un ex esposo o una ex esposa porque, en una primera instancia lo que estarían firmando sería una especie de guerrilla de baja identidad con es@ flamante nuev@ amig@ que se consiguieron tras una ruptura sentimental.
Pónganse a pensar, en el caso de referirme a una ex pareja de novios, que uno y otra decidan hacerse inseparables amigos, de esos que se comparten hasta el chicle masticado: ¿Qué tal cuando uno de los dos de pronto tenga bajo su radar a un nuevo prospecto de novi@ y que el nuevo (dizque amigo) esté todo el tiempo pegado como sanguijuela para vigilar, supervisar y autorizar si el susodicho prospecto está a la altura de aquel al que le entraron las ganas por renovar sus ganas de tener novi@? ¿Se imaginan contándole a su ex, con lujo de detalles, todo sobre esa damisela o ese galán al que ya le echaron los ojos y éste (sin que se lo pidamos) esté más que dispuest@ a darnos el visto bueno, que obviamente jamás nos lo dará porque todavía tiene sentimientos hacia nosotros? ¡Ay no, qué flojera!
O en el caso de los casados (o mejor dicho, de los que estuvieron casados), con derecho de entrar y salir de la casa o el departamento a cualquier hora del día bajo el pretexto de que “los niños me necesitan cerca de ellos para superar el traumático trance de nuestro divorcio”. ¿Se han puesto a pensar por un breve instante en la tortuosa escena de llegar a su propia morada, acompañad@s de un hombre o una mujer con etiqueta de prospecto y que al abrir la puerta ahí esté, a media sala, con los pies subidos en el sofá, el ex esposo o la ex esposa, más que listos para hacerse pasar como el o la consejer@ #1 de lo que podría ser su futura relación? ¡Qué horrible!, ¿no creen?
Por eso, amig@s, no hay nada mejor en esta vida que mantener de lejecitos a l@s ex novi@s o a l@s ex espos@s porque nunca sabremos en que momento podrían complicarnos la existencia.
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