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LIBERTAD DE EXPRESIÓN: ¿CALLAR Y OBEDECER?

LIBERTAD DE EXPRESIÓN: ¿CALLAR Y OBEDECER?

A fines del siglo XVIII y principios del XIX aparecieron en la Nueva España —hoy México— y particularmente en la sede del virreinato —hoy Ciudad de México— unas “Hojas Volantes”. Les decían así porque eran una sola hoja que de forma subrepticia sus autores —periodistas en ciernes—  pegaban en las paredes y las columnas del palacio virreinal y calles alrededor. 

Lo hacían para expresar y dar a conocer actos de injusticia, se señalaban abusos de poder, se ironizaba sobre decisiones de gobierno y militares, se detallaban villanías de autoridad. 

Y eran, sobre todo, una natural necesidad de expresarse, de ser libres, de gritar a los cuatro vientos lo que pasaba y lo que ocurría en sus vidas como comunidad y como entidad política. 

El gobierno virreinal buscaba afanosamente a quienes publicaban y circulaban las “Hojas volantes”. Los quería para someterlos a castigos físicos extremos o, incluso, la muerte. 

Aún eran tiempos del despotismo ilustrado, que asimismo se ilustra con aquel bando que publicó el virrey de la Nueva España, Carlos Francisco de Croix, con motivo de la expulsión de la Orden de los Jesuitas del territorio novohispano. Se publicó el 25 de junio de 1767 y decía: 

“…y pues de una vez para lo venidero deben saber los súbditos del gran Monarca que ocupa el trono de España, que nacieron para callar y obedecer, y no para discurrir, ni opinar en los altos asuntos del Gobierno”.

Aquello era un ejemplo de la valentía y temeridad de aquellos hombres y mujeres que obedecían a su propia naturaleza y a su derecho a la libertad de pensamiento, de prensa, de expresión. 

La libertad de expresión es un derecho soberano que le corresponde a la naturaleza humana y así debe respetarse y respetar a cualquiera que se exprese porque (ya que hablamos de soberanía por estos días), no se olvide que la soberanía radica en el pueblo y emana del pueblo; y es el pueblo soberano el que decide su camino, su futuro en base a sus derechos y libertades. No es una dádiva de gobierno, y sí es un ejercicio diario de responsabilidad y ética. 

La Independencia de México comenzó a divulgarse profusamente por las noticias que de viva voz llegaban desde Dolores Hidalgo, pero también porque Hidalgo tuvo la atinada idea de crear un periódico en el que se explicara al pueblo las razones de la lucha por la emancipación: “El Despertador Americano”, del cual se emitieron apenas unos cinco ejemplares, pero que son asimismo el incipiente intento por explicar y decir lo que se piensa y lo que ocurre. Y así en adelante. 

No es necesario repetir que el periodismo y los periodistas del siglo XIX, sobre todo liberales, fueron perseguido y muertos por decir y expresar en la prensa lo que iba ocurriendo y los avatares de aquel siglo de las transformaciones. 

El siglo XX comienza con un periodismo asimismo perseguido. Y de vuelta a la vieja historia del principio: 

Al gobierno en el poder –a casi ninguno- no le gusta la libertad de expresión, no quieren que se conozcan sus errores, ni sus tropelías, ni sus abusos, corruptelas y errores. 

Y como conocen el peso de los medios para dar a conocer lo que hace el gobierno-los gobiernos, pues entonces tratan de acotar esa libertad de expresión por diferentes medios y bajo cualquier pretexto; tratan de atraer a periodistas que les pudieran ser corifeos –pagados por los gobiernos con recursos de todos los mexicanos, para aplaudir al régimen—

Y por otro lado tratan de acallar a quienes mantienen actitudes críticas en base a la ética de la verdad y con hechos y derechos. El periodismo serio, objetivo, verás y comprometido con la responsabilidad hecha libertad es visto con malos ojos por los hombres del poder… 

Pero pocas veces como hoy, en México, ha sido más evidente tal persecución, disfrazada de respeto a la libertad de expresión. 

Así, se emiten iniciativas que atentan a esa libertad, como muy recientemente ocurre con la famosa ‘Ley anti memes’, disfrazada de defensa de los derechos de autor. Es como si a José Guadalupe Posada se le hubiera prohibido publicar sus críticas acérrimas a los contrastes sociales que vivía México a principios de siglo XX.

Hoy la situación en México es cada vez más grave por la persecución institucionalizada en contra de la Libertad de Expresión, en contra del periodismo y sobre todo en contra de los periodistas. 

Apenas hace unos días el Centro de Derechos Humanos de la Universidad de California, Berkeley dio a conocer un informe titulado “Bajo ataque: Persecución de periodistas y defensores de los derechos humanos en México”, el cual da a conocer una grave crisis de violencia y hostigamiento contra la prensa durante el sexenio del expresidente Andrés Manuel López. 

El estudio registra un total de 337 asesinatos verificados de comunicadores y activistas en el periodo. De esta cifra, 78 eran periodistas y 259 defensores de derechos humanos. 

La mayoría de los periodistas agraviados investigaba temas de delincuencia organizada, corrupción municipal, política local o nota roja. Muchos habían denunciado amenazas previas o buscaban protección oficial, aunque también señala que los niveles de impunidad en estos delitos se mantuvieron entre el 93 y el 99 por ciento, “lo que refleja la falta de eficacia del Estado para investigar y castigar a los responsables”

Por estos días está en el aire otra ley que quiere castigar el trabajo de dibujantes, cartonistas, humoristas y ese periodismo que nos es histórico en México desde el siglo XVIII. 

Y está el acoso diario en “Las Mañaneras” en contra de periodistas y medios, e incluso con “listas negras” de periodistas que hacen observaciones críticas de forma profesional y ética al régimen. 

El periodismo mexicano está bajo acoso permanente si se es profesional, crítico, plural y objetivo. Sobre todo el periodismo que se ejerce en los estados de la República en los que, por extrañas razones se agrede, se hostiga, se intimida a periodistas y su familia e, incluso muchos han muerto en distintos estados en donde la violencia y la corrupción imperan. 

Con todo y todo, los periodistas y el periodismo seguirán. Es una vocación, es una responsabilidad, es un compromiso social y es la vida entera de quien lo ejerce con verdad y con responsabilidad: Es la libertad de expresión.  

(Por cierto: Hasta hoy sigue sin aclararse la muerte del periodista Francisco Alejandro Leyva Aguilar en Oaxaca. Parece ser una más de las “carpetas de investigación” siempre abiertas. Veremos.).

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