En pocos años el mundo cambió de lógica. Dejamos la globalización cooperativa para entrar en lo que Jean Tirole, Premio Nobel de Economía 2014, y Karine Van Der Straeten llaman en su nuevo libro Économie du désordre mondial. Comment la géopolitique a tout changé (Albin Michel / PUF, 10 de septiembre de 2025) la economía del desorden mundial. No es un libro sobre Francia. Es un manual de supervivencia para potencias medias, y México debería leerlo como si hubiera sido escrito aquí.
Para explicarlo usan una fábula que lo dice todo: En la sabana el león no ataca ni al elefante ni al ratón. El elefante es demasiado peligroso; el ratón, poco nutritivo. Es la cebra, robusta y bien alimentada, pero sin defensa real, la que paga el precio de su posición intermedia. La cebra simboliza a las potencias medias como Francia. Esa cebra hoy es México: un país robusto, con mercado, industria y talento, pero sin colmillos tecnológicos frente a dos leones, Estados Unidos y China.
El diagnóstico de Tirole para Europa es brutal y es nuestro espejo. En entrevista en RTL lo resumió así: “On déplace des transats pendant que le Titanic est en train de couler” — estamos moviendo las tumbonas de cubierta mientras el Titanic se hunde. Europa dedicó un tercio de su I+D privada al automóvil de combustión mientras Estados Unidos ponía el 85% en tech, y el resultado es demoledor: “Nous sommes absents pratiquement partout”. Ausentes en semiconductores, en cloud, en inteligencia artificial, en biotech. México corre el mismo riesgo si entiende el nearshoring solo como ensamblar más barato. Esa es la trampa del mid-tech: competir por salarios y energía barata, justo donde no tenemos ventaja, mientras la riqueza y el poder se crean en otro lado.
La idea central del libro para quien toma decisiones es la moneda de cambio. Tirole advierte que en este contexto Europa debe darse los medios para responder, porque China y Estados Unidos podrán amenazarnos negándonos una vacuna o una tecnología crítica. “On a besoin d’une monnaie d’échange”. Y pregunta con ironía: ¿de verdad vamos a impresionar a Washington o a Pekín amenazando con no venderles yogures, muebles en kit o bolsos de lujo? Un país sin segmentos críticos de la cadena de valor no negocia, solo acata. La IA ya no es un sector más, va a determinar los empleos y las relaciones de fuerza geoestratégicas, y sin ella no hay soberanía que defender.
Por eso la lección mexicana es directa: sin tecnología no hay soberanía. Necesitamos construir nuestros propios killswitches, no con autarquía, sino con tres apuestas a diez años. Primero, pasar del litio a la batería y del ensamble al diseño: procesar minerales críticos, empaquetado y prueba de semiconductores, biotech agrícola y dispositivos médicos. Segundo, terminar con la fragmentación de 32 estados compitiendo por la misma planta y crear un fondo federal de investigación de ruptura con escala real. Tercero, convertir energía limpia y centros de datos en infraestructura estratégica, nuestra moneda de cambio continental para la revisión del T-MEC.
La lección final del libro es dura: la postura de consolación que consiste en decir “no somos los mejores en tecnología, pero somos más democráticos, más verdes, más humanos” no es sostenible. Los empleos y la riqueza se crean en otro lado, y geopolíticamente dejas de existir. México tiene todo para no ser cebra: talento matemático de primer nivel, escala industrial, bono demográfico y posición geográfica. Lo que no tiene es tiempo. Porque como advierte Tirole, el Titanic no avisa cuando ya se hundió. Solo deja de flotar.
Referencia: Jean Tirole & Karine Van Der Straeten, Économie du désordre mondial. Comment la géopolitique a tout changé, Albin Michel / PUF, 2025.




