*El gobierno de México no sólo está renunciando a crecer, está olvidando a las siguientes generaciones*
Los expertos describen al estancamiento económico como un período prolongado en el que el crecimiento de la economía de un país es extremadamente lento, nulo, léase esto como un incremento del Producto Intero Bruto (PIB) inferior al dos o al tres por ciento.
Al margen de las distorsiones ocasionadas por la pandemia del COVID, el incremento promedio de los últimos cuatro años fue del 2.25 por ciento. Incluso, en el 2026 fue de 0.6 por ciento, lo cual se considera desaceleración económica.
Las proyecciones del crecimiento del PIB de nuestro país para el año 2026 se sitúan en un rango entre el 1.1% y el 1.5%, según las últimas revisiones de diversos organismos y analistas económicos. Ello significa, sin lugar a duda, un estancamiento de la economía. Este débil desempeño económico, contrastado con la dinámica demográfica preocupa a los analistas, pues el PIB per cápita ha aumentado tan solo 0.8 por ciento anual entre 1995 y 2024 y, desde 2019, prácticamente no ha crecido (0.03 por ciento).
Con un PIB rezagado la producción de bienes y servicios casi no aumenta, no se crean nuevos empleos y los salarios no suben, por lo que el poder adquisitivo de los trabajadores se detiene o sube muy poco.
En México los salarios están rezagados (salvo el salario mínimo que ha actualizado para corregir rezagos), no llega nueva inversión productiva por la debilidad del estado de derecho y por los límites estructurales del modelo exportador (aunque las exportaciones son elevadas, están altamente concentradas en Estados Unidos)
Otro factor que inhibe la llegada de nuevos capitales nacionales y extranjeros es la presencia del crimen organizado. La extorsión generalizada incrementa los costos operativos de las empresas. La falta de un entorno seguro dificulta la operación de las empresas y ahuyenta la inversión. También el crecimiento de la informalidad reduce la productividad general de la economía.
Pero el estancamiento es, en realidad, un retroceso. La parálisis económica no solo impide atender los rezagos y recuperar lo perdido, sino que tampoco alcanza para satisfacer las nuevas demandas sociales. Esto se observa de manera directa, por ejemplo, en el empleo: no se generan suficientes trabajos estables, bien remunerados y con acceso a la seguridad social, ni para quienes se integran por primera vez al mercado laboral ni para quienes ya se encuentran en situación de desempleo, subocupación o informalidad. En consecuencia, estas formas precarias de empleo se reproducen y perpetúan, profundizando la desigualdad y manteniendo elevados los niveles de pobreza. Asimismo, el bajo crecimiento limita la capacidad del Estado para garantizar la seguridad, la salud, la educación, los servicios básicos y la infraestructura. Ante esta situación, la sociedad mexicana se ve empujada a recurrir a diversas “válvulas de escape” para sobrellevar la precariedad: transferencias del gobierno, migración a los Estados Unidos, remesas, endeudamiento de los hogares o incluso la inserción en la delincuencia.
El crecimiento económico es una condición material indispensable para el bienestar de la población. A pesar de su gravedad y urgencia, el gobierno anterior y el actual lo han desestimado y se enfocan a otras métricas. Se conforman con señalar los errores del pasado, sin atender la responsabilidad que tienen en el presente. Por eso, examinar críticamente las causas históricas del bajo crecimiento económico es necesario, no para deslindar responsabilidades, sino para reconocer cómo esas condiciones siguen operando en el presente y en qué medida es posible superarlas.
Lo que más preocupa es que la falta de crecimiento suficiente no sólo impacta a quienes padecemos hoy esa circunstancia, sino que reduzca las posibilidades de mañana. Y quienes recibirán esa factura no serán quienes hoy toman las decisiones. Serán los jóvenes cuando sean adultos. Serán las niñas y los niños que hoy están en las escuelas. Serán las próximas generaciones. Procurar el crecimiento acorde con el incremento de la población es una declaración de futuro. La pregunta es si estamos construyendo el país que queremos heredar o tan sólo sobreviviendo en el que ya tenemos. El gobierno de México no sólo está renunciando a crecer, está olvidando a las siguientes generaciones.




