*La identificación del tipo de apatía facilita la elección de estrategias de intervención y tratamiento, ya que cada manifestación puede requerir un enfoque diferente*
La Real Academia Española (RAE) da dos acepciones de la palabra “apatía”: Impasibilidad del ánimo; y dejadez, indolencia, falta de vigor o energía. La Fundación Pasqual Maragall la define como “una pérdida o disminución de la motivación en, al menos, dos de estos tres aspectos: conductas dirigidas a objetivos, actividad cognitiva o expresión emocional, siendo suficiente como para causar una alteración significativa en la vida cotidiana”.
Los síntomas de la apatía social son: falta de motivación, indiferencia emocional, falta de interés por lo público, aislamiento social e indolencia ante la injusticia, lo que tiene como grave consecuencia el que dejemos que otros decidan por nosotros, y cuando despertamos… ya es tarde.
Según especialistas en la Universidad de Navarra, la apatía puede surgir por estrés, saturación o frustración constante. Identifican tres tipos de apatía: conductual o de autoactivación; cognitiva; emocional afectiva; transitoria; y crónica.
- En la apatía conductual o de autoactivación se muestra una acusada disminución de la actividad espontánea, hasta el punto de que la persona puede llegar a no caminar apenas, ni tan solo por la casa, y desatender la realización de actividades para las que física y cognitivamente puede ser aún capaz.
- La apatía cognitiva se refleja en una falta de iniciativa para la realización de actividades cognitivas, que puede ser tan llamativa como prácticamente no hablar (estando el lenguaje suficientemente preservado), o no mostrar ningún interés o curiosidad por las actividades que realizan otras personas.
- La apatía emocional-afectiva implica una gran disminución o ausencia de expresión de emociones, aparentando indiferencia y falta de empatía. Puede parecer que la persona no se preocupa por los demás o que no le afecta nada de lo que sucede a su alrededor, no mostrando ni alegría ni tristeza por los acontecimientos.
- La apatía transitoria, provocada por situaciones temporales, como el estrés.
- La apatía crónica, relacionada con trastornos neurológicos, psiquiátricos o enfermedades crónicas.
La identificación del tipo de apatía facilita la elección de estrategias de intervención y tratamiento, ya que cada manifestación puede requerir un enfoque diferente.
La apatía suele estar ligada a múltiples factores de tipo psicológico, médico y social. Elementos como las emociones, el deterioro cognitivo, la ansiedad, el estrés y la autoestima juegan un papel relevante en su aparición y mantenimiento.
Entre las causas de la apatía figuran factores psicológicos y emocionales como el agotamiento emocional y la baja autoestima. Las personas que atraviesan situaciones de pérdida, duelo o desilusión pueden experimentar una reducción notable en su interés por actividades cotidianas. El aislamiento social prolongado o la falta de apoyo emocional también pueden facilitar el surgimiento de apatía. Los trastornos del estado de ánimo, como la depresión, a menudo comparten síntomas con la apatía y pueden potenciarla.
Tristemente, en nuestro país estamos invadidos de apatía tanto en lo social como en lo político. Hay que considerar que un país sin participación ciudadana es un país que cede su destino a unos cuantos. La apatía es más que desinterés, es un estado de falta de motivación y emoción que nos desconecta de lo que pasa a nuestro alrededor.
Reflexionemos en que la participación política no se reduce solo a votar cada 3 o 6 años. Vencer la apatía es exigir, cuestionar, informarse, involucrarse y alzar la voz.
México necesita ciudadanos despiertos, informados y dispuestos a defender lo que nos pertenece: nuestras libertades, nuestra seguridad y nuestro futuro.




