TENANGO DE DORIA, HIDALGO.- Sueños plasmados sobre manta, bordados en hilos de colores que se han convertido en un símbolo de lo mexicano, una referencia visual de los paisajes naturales de la Sierra Otomí-Tepehua en Hidalgo, donde los grandes protagonistas son los venados, las aves de plumajes imposibles o las flores de colores infinitos.
Así fue el reconocimiento que se le hizo en su día al también llamado jätzi, en otomí, durante las festividades que se llevaron a cabo en territorio hidalguense, y que recientemente busca nuevamente la posibilidad de declararlo como una celebración nacional.
“Ha trascendido internacionalmente, es un orgullo para la familia y no solamente para la comunidad”, afirmó Daniel Gómez Plata, bordador de tenangos de la comunidad de San Nicolás, municipio de Tenango de Doria.
Aseguró que el trabajo que iniciaron sus padres ha sido muy valorado en muchos ámbitos, conquistando el gusto de millones de personas en todo el estado, México y el mundo; sin embargo, se pronunció en contra de la forma en la que algunas veces diferentes marcas de alta costura, utilizan sus diseños:
“Estamos un poco preocupados en ese aspecto, porque luego se lucra con nuestra artesanía, con nuestro bordado, nos hemos enterado de algunas marcas que han dado mal uso… No es que esté mal el que lo usen, sino el que den trabajo o que no se le dé crédito a nuestra comunidad”.
Jätzi, cuyo significado en español es “poner encima”, pues el bordado en punto de cruz se superpone a un dibujo en la tela, fue utilizado desde la década de los 40, en la región oriente del estado, primero en servilletas para envolver tortillas, blusas, almohadas, caminos de mesas y pequeñas prendas que se comercializaban en los mercados de Pahuatlán, en Puebla, y algunas otras comunidades cercanas.
Sin embargo, debido a la complejidad en su proceso de elaboración, fue que el señor Refugio Gómez y su esposa Modesta Plata, tuvieron la idea de cambiar el patrón de bordado del tradicional punto de cruz, modificándolo para hacerlo más fácil y rápido.
Fueron precisamente los habitantes de localidades cercanas como Peña Blanca, El Nante, El Ejido y San Pablo, así como los habitantes de los municipios de San Bartolo y Huehuetla, quienes con su talento popularizaron este característico bordado a través de los años .
Y el objetivo es claro, la apuesta es simple: que las siguientes generaciones aprendan y aprecien el legado de cientos de hombres y mujeres, que con su talento plasmaron los sueños de todo un país en cada puntada.




