*A partir de que Morena llegó a Palacio Nacional, la cultura de desconocer cualquier triunfo de la oposición regresó con mayores bríos*
Haciendo eco al dicho popular de “Jalisco nunca pierde, y cuando pierde, arrebata”, la ya no tan flamante dirigente de Morena, Ariadna Montiel, se niega a reconocer la contundente derrota de su partido en los comicios celebrados en el estado de Coahuila, el pasado domingo 7 de junio, y pretende que se anule la elección. Declaró que el PRI, partido ganador, cometió todas las triquiñuelas imaginables, para ganar, tramposa e ilegalmente, la elección, por lo que presentará denuncias ante la Unidad Técnica de Fiscalización del INE, ante la Fiscalía Especializada en Delitos Electorales, ante la Unidad de Inteligencia Financiera, ante la Sala Superior del TEPJF, ante el Instituto Electoral de Coahuila y las que se le vayan ocurriendo.
No sorprende que las dirigencias de los partidos políticos, cuando están en el poder, se resistan a reconocer, públicamente, el triunfo del partido rival, aunque el marcador muestre una abrumadora diferencia a favor de su competidor. Una circunstancia muy arraigada en nuestra cultura política, que, con la alternancia, en el año dos mil, pensábamos, si no haberla superado, al menos que en ese camino andábamos.
Pero no, como estrategia de los gobiernos de la 4T, lo avanzado se perdió. A partir de que Morena ocupó Palacio Nacional, la cultura de desconocer cualquier triunfo de la oposición regresó con mayores bríos. No obstante el peso político de Morena demostrado en las urnas, lo que le ha permitido ser gobierno en 23 estados de la República y contar con mayoría en el Congreso Federal, el partido en el poder, insaciable, no reparó en mientes para hacerse de la mayoría calificada en ambas Cámaras, de Senadores y de Diputados, a través de burdas artimañas. Caro le ha costado al país, en su democracia y su sistema de impartición de justicia, esta manipulación.
Resulta que, en la elección para renovar el congreso local de Coahuila, el otrora partidazo, el PRI, le aplicó a los candidatos de Morena casi un nocaut que, al menos, los dejó groguis, al ganar los 16 distritos electorales locales. Una aplastante victoria, que recuerda los tiempos de gloria del Revolucionario Institucional del “carro completo.”
Un detalle que flotaba en el ambiente de este proceso era el hecho de que Coahuila es la única entidad que no ha tenido alternancia. Siempre ha estado gobernado por priistas. Junto con Durango, son las únicas entidades que recuerdan sus triunfos electorales. Para Morena, quitarle al tricolor su gran bastión, resultaba un buen reto. El intento, sin embargo, resultó infructuoso.
La elección tuvo una participación inusual para comicios de mitad de sexenio, 51% de votantes (un millón 244 mil), 12 puntos más que en la elección de hace seis años, también para elegir diputados. La participación de entonces fue de 39% de electores (875 mil). Ahora contendieron 8 partidos, dos en alianzas, Alianza Ciudadana por la Seguridad (PRI y Unidad Democrática de Coahuila, partido local) y Morena con el PT. Por su lado fueron el PAN, el PVEM, Movimiento Ciudadano y Nuevas Ideas, partido local.
El tricolor se llevó el 50.9% de los votos, mientras que Morena sólo pudo obtener el 22.5% de la votación. La diferencia entre el ganador y el perdedor fue de más del doble de votos. Estos resultados contradicen la teoría que afirma que, a mayor participación ciudadana, mayor la probabilidad que el partido en el gobierno pierda la elección. Al parecer, en este caso, el voto de castigo se lo aplicaron al gobierno federal de Morena. La buena gestión del actual gobernador y sus logros en materia de seguridad, además de un buen ambiente entre la ciudadanía y su gobierno, tuvieron su recompensa.
El PAN, perdió su registro local, al igual que el PVEM y Movimiento Ciudadano, al no alcanzar el mínimo de 3% de los votos totales. Para la elección de 2023, la alianza PRI, PAN y PRD, resultó una coalición afortunada. Triunfó su candidato a gobernador y ganaron los 16 distritos electorales. En aquella ocasión, el PAN obtuvo 5 diputaciones de mayoría. Ahora hasta el registro perdió.
Algo de la política del Gobierno Federal, parece no estar convenciendo y, de alguna manera podría estar influyendo en casos como la elección coahuilense. La percepción de que el Gobierno Federal esté encubriendo a supuestos narcopolíticos, ante las demandas del gobierno norteamericano, es cada vez mayor. La supuesta defensa de la soberanía nacional contra el injerencismo extranjero, cada vez se desgasta más. Y la respuesta electoral de los beneficiarios de los programas sociales, ya no es tan comprometida. En estos comicios, solo el 30.68% votó por Morena.
Por último, la oposición deberá considerar que, al menos hasta el momento, la posibilidad de derrotar a Morena en los comicios de 2027 es más más probable si actúa en alianza. Ir cada quien por su cuenta puede costarles, a algunos, hasta la pérdida del registro.
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