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*Nos encaminamos hacia un escenario en el cual la inteligencia artificial se infiltrará en más y más áreas de nuestra vida*

La Inteligencia Artificial (IA) es una tecnología desarrollada por seres humanos y por lo tanto son decisiones de las personas las que determinan en qué sentido, bajo qué reglas, en qué marcos y con qué fines se desarrolla. Por lo tanto, no estamos inermes ante el avance de la inteligencia artificial. 

Aunque los empresarios de Silicon Valley junto con sus aliados políticos y financieros presentan el desarrollo irrestricto de esta tecnología como un fenómeno inevitable, como la marcha imparable del progreso, ante la cual no podemos hacer nada más que adaptarnos pasivamente y ceder nuestras capacidades cognitivas y creativas o fusionarlas con las de las máquinas, ello está alejado de la realidad. 

Por ello -dice Jacques Coste, analista político, historiador y autor del libro Derechos humanos y política en México–  “está en nuestras manos elegir si queremos transitar hacia un futuro posthumano —como desean los impulsores del desarrollo sin restricciones de la IA— o si optamos por seguir construyendo una modernidad humana, en la que las personas permanezcamos en el centro de la historia, sigamos siendo dueñas de nuestro propio destino y conservemos nuestras aptitudes para la creatividad, el pensamiento crítico, la deliberación, la resolución de problemas y la sociabilidad con nuestros pares”.

Si la carrera por la supremacía en el desarrollo de la IA continúa en el rumbo actual, nos encaminamos hacia un escenario en el cual la inteligencia artificial se infiltrará en más y más áreas de nuestra vida sin que siquiera nos preguntemos si la queremos allí. O peor aún, un escenario en el que sea ella quien tome las decisiones más trascendentales para la vida humana, como el orden de las sociedades, la estructura de las relaciones de producción, el tipo de desarrollo económico deseable o la distribución de la riqueza y los bienes públicos. Otros riesgos, como la pérdida de empleos, el debilitamiento de las capacidades cognitivas, el quiebre de los lazos sociales y los daños ambientales ya se han materializado y se profundizan con cada segundo que pasa sin que tomemos las riendas del desarrollo de estas tecnologías.

Coste propone seis ejes que servirían para ordenar el debate sobre la regulación de la IA en México, para hacerlo más productivo y elevar las probabilidades de que la legislación mexicana contribuya para regular e incorporar la IA en beneficio de la mayoría de los ciudadanos:

Soberanía y seguridad nacional: el punto clave es determinar las acciones que el Estado mexicano puede tomar para impedir que una sola empresa tenga un poder desproporcionado sobre sus capacidades críticas (financieras, industriales, económicas, de seguridad, de inteligencia, etcétera). Brasil ya ha puesto el ejemplo al dividir concesiones y contratos entre distintas empresas chinas y estadounidenses. 

Política industrial y desarrollo nacional: Debemos buscar mecanismos para potenciar el impacto positivo que puede tener la IA en la productividad de la economía, evitando la pérdida de empleos humanos. El Plan Quinquenal más reciente de China ofrece interesantes mecanismos para lograr ese equilibrio. Hay objetivos y herramientas que se pueden adaptar a México. 

Educación: ¿cómo mantener las capacidades cognitivas, analíticas, críticas y creativas de los estudiantes y prepararlos para un mundo en el que la inteligencia artificial desempeñará un papel fundamental? Otra pregunta crucial es cómo evitar que la IA ensanche la brecha entre educación pública y privada. No podemos dejar que eso ocurra. 

Protección de datos personales: Respecto a la inteligencia artificial la filósofa de la Universidad de Oxford, Carissa Véliz expresa su preocupación central porque la enorme capacidad de los sistemas digitales para recopilar, combinar y analizar información pueda producir una concentración de poder sin precedentes en manos de empresas y gobiernos. Ante ello, propone tres medidas principales: minimizar la cantidad de datos personales que se recopilan, limitar el tiempo durante el cual pueden almacenarse y prohibir su comercialización.

Decisiones cruciales para la vida de las personas: la IA no debería tener la potestad de determinar aspectos centrales de la vida de un hombre o una mujer. Por eso, en decisiones que tengan que ver con trámites gubernamentales, hipotecas, seguros, procesos de selección laboral, procedimientos médicos o similares, la ley debe garantizar la posibilidad de solicitar una revisión humana y conocer, en términos comprensibles para la persona afectada, los principales factores que intervinieron en la decisión.

Medio ambiente: los centros de datos requieren cantidades colosales de agua y energía eléctrica para funcionar. Además, ocasionan impactos severos sobre las comunidades humanas, la flora y la fauna cercanas a las zonas donde se instalan. ¿Qué hará la ley al respecto: prohibir su instalación en México, mitigar sus impactos ambientales o restringir su instalación a ciertas regiones?

Jacques Coste afirma que “el Estado mexicano está en una coyuntura histórica. Tiene frente a sí la oportunidad de decidir cómo regular e incorporar la tecnología más determinante para el futuro cercano de la humanidad en beneficio de su población”.

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