La irrupción de Tik-Tok en el mercado de las redes sociales de internet sumó en pocos años a mil 500 millones de suscriptores en todo el mundo –otras mediciones le adjudican poco más de mil millones-. En Estados Unidos y en México, casi la mitad de los habitantes de cada país ya están activos en esa red.
Por su acelerada penetración y por su impacto social, el tema se discute en las principales oficinas gubernamentales de las potencias hegemónicas.
El debate se calienta. Como se sabe, Tik-Tok causó notoria aceptación con su oferta interactiva de videos cortos. Surgió apenas en 2016, en China, con el nombre de Douyin y bajo la matriz de la empresa ByteDance. Al año siguiente, con su actual denominación, estaba en todo el mundo, expandiéndose como un virus. Se le acusa de ser muy adictiva o de promover contenido basura. Cierto, en parte, pero va mucho más allá. El tema rebasa el ángulo empresarial y de entretenimiento.
Desde el ámbito político, el ataque lo desató el gobierno de Estados Unidos al acusar a la plataforma china de usar la red para realizar espionaje y le exige que venda los derechos a un local o que instale sus servidores en territorio estadounidense. Incluso los mandos superiores ordenaron a sus funcionarios subordinados abstenerse de descargar la aplicación.
La sospecha es entendible a partir de los altos riesgos que implica el manejo de los datos personales que posee la plataforma. Y esto abarca a las demás redes sociales (You Tube, Facebook, Instagram, Twitter y otras).
Desde luego que este debate se enmarca en la disputa por la hegemonía global que impulsa a las dos naciones. El caso es que Tik Tok despertó la sospecha de Estados Unidos, no tanto por su atractivo y alcance global, sino por tratarse de una innovación china.
Al margen de cómo se resuelva el diferendo, y con independencia de las intenciones “ocultas” que pudieran alojarse en el emprendimiento asiático, en definitiva, Tik-Tok mostró la vulnerabilidad que enfrentan los gobiernos y naciones del orbe.
El impacto social de la citada aplicación es mayúsculo y tiene múltiples caras. Y en este punto aparecen las malas prácticas de muchos tiktokers, que con el afán de lograr aprobación (likes) -que se traduce en dinero ganado- están recurriendo a los peores trucos o motivaciones del ser humano.
Esto es malo porque rebajan la dignidad de las personas, las humillan o agreden; y las dañan moralmente al mostrarlas en su desnudez total ante los ojos de los demás.
Esto es algo que la plataforma debiera regular, junto con autoridades y expertos; en el marco de leyes, valores y principios universalmente aceptados.
Un principio sería que todo se vale, siempre y cuando respete la dignidad humana.
* Presidente del Club de Periodistas, A.C.




