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Uno de los trabajamos periodísticos más destacados sobre la crisis de Twitter fue publicado el pasado 13 de noviembre por el “The New York Times”, aquí un resumen del trabajo de los reporteros Kate CongerMike IsaacRyan Mac y Tiffany Hsu.

El 28 de octubre, horas después de completar su compra de 44 mil millones de dólares de Twitter, Musk reunió a varios ejecutivos de recursos humanos en San Francisco; prepárense para los despidos generalizados y le dijo que la fuerza de trabajo tenía que reducirse inmediatamente y, los que fueran despedidos no recibirían las bonificaciones que se iban a pagar el 1 de noviembre.

Los ejecutivos advirtieron que su plan podría violar las leyes de empleo y romper los contratos con los trabajadores, lo que ocasionaría demandas, pero el equipo de Musk dijo que estaba acostumbrado a ir a los tribunales y a pagar multas, y no estaba preocupado por los riesgos.  

La orden de despidos inmediatos, el pánico subsiguiente y el cambio de rumbo reflejan el caos en el que se ha sumido Twitter desde que Musk se hizo cargo de la empresa. Este hombre de 51 años llegó con ideas sobre cómo debería funcionar el servicio de redes sociales, pero sin un plan integral para ejecutarlas. Luego se topó rápidamente con las complejidades empresariales, legales y financieras de la gestión de una plataforma que ha sido calificada como la plaza pública mundial y, las consecuencias han sido atroces, algunos altos ejecutivos fueron despedidos sumariamente por correo electrónico.

Twitter, que está bajo la presión financiera de la deuda y la caída de la economía, es ahora irreconocible en comparación con lo que era hace un mes. Musk recortó el 50 por ciento de los 7500 empleados de la empresa.  Un proyecto clave para ampliar los ingresos procedentes de las suscripciones encontró obstáculos. Algunos anunciantes se han mostrado atónitos.

Musk les dijo a los empleados en una reunión celebrada el jueves que la situación de Twitter era sombría…“hay un flujo de caja negativo masivo, y la bancarrota no está descartada”, dijo, según una grabación escuchada por The New York Times

Musk llegó a las oficinas de Twitter en San Francisco el 26 de octubre, atravesando las puertas de cristal del edificio con un lavamanos de porcelana blanca en los brazos. “Let that sink in!” (asimílalo o tómate un tiempo para procesarlo), tuiteó.

Al día siguiente, Parag Agrawal, el director ejecutivo de Twitter, y Ned Segal, el director financiero, estaban en la oficina y no tardaron en recibir correos electrónicos en los que se les informaba que habían sido despedidos, al igual que Vijaya Gadde, la principal ejecutiva jurídica y política de Twitter, y Sean Edgett.

Musk había traído a sus propios asesores, muchos de los cuales habían trabajado en sus otros negocios, como PayPal, Tesla, Neuralink, y de su empresa de construcción de túneles, Boring Company.

Un equipo de Twitter comenzó a crear un modelo financiero para mostrar el costo de los despidos. Otro construyó un modelo para demostrar cuánto más podría pagar Musk en honorarios legales y multas si continuaba con los rápidos recortes, dijeron tres personas.

El 30 de octubre, Musk recibió la noticia de que el enfoque rápido podría costar millones de dólares más que despedir a la gente con sus bonos programados. En ese momento aceptó la postergación, pero tenía una condición. Antes de pagar los bonos, Musk insistió en una auditoría de la nómina para confirmar que los empleados de Twitter eran “humanos reales”.

La fecha de las bonificaciones del 1 de noviembre llegó y pasó sin que se produjeran despidos masivos, el auditor fue despedido al día siguiente.

Mientras los directivos de Twitter redactaban las listas de despidos, Musk voló a Nueva York para reunirse con los anunciantes que proporcionan la mayor parte de los ingresos de Twitter y les propuso un sistema para que los usuarios de Twitter eligieran el tipo de contenido al que los exponía el servicio, lo que implica que las marcas podrían orientar mejor su publicidad en la plataforma. Se comprometió a introducir mejoras en el producto y a aumentar la personalización de los usuarios y los anuncios.

Sin embargo, sus esfuerzos se vieron perjudicados por la salida de dos ejecutivos de Twitter: Berland y JP Maheu, vicepresidente a cargo de la publicidad. Marcas como el Grupo Volkswagen, General Motors y United Airlines han dicho que pausarán la publicidad en Twitter, mientras evalúan la actuación de Musk en la plataforma.

Musk ascendió a algunos directivos de Twitter. Contrató a Esther Crawford, una directora de producto, para renovar un servicio de suscripción llamado Twitter Blue y la semana pasada, Crawford compartió una foto suya durmiendo en las oficinas de Twitter en San Francisco con un saco de dormir y un antifaz, con la etiqueta #SleepWhereYouWork.

El alcance de los despidos era un objetivo cambiante. En un principio se dijo a los directivos de Twitter que recortaran el 25 por ciento de la plantilla, sin embargo, los despidos llegaron al 50 por ciento y anticipándose a los recortes.  

 El 3 de noviembre, un correo electrónico llegó a las bandejas de entrada de los empleados. “En un esfuerzo por situar a Twitter en una senda saludable, pasaremos por el difícil proceso de reducir nuestra fuerza de trabajo global”, decía el correo electrónico, firmado “Twitter.

El pandemónium comenzó, los recortes fueron enormes. 

En Redbird, la organización de plataformas e infraestructuras de Twitter, Musk se deshizo de numerosos gerentes. La unidad también perdió cerca del 80 por ciento de su personal de ingeniería, lo que aumentó la preocupación interna sobre la capacidad de la empresa para mantener su sitio en funcionamiento. En Bluebird, la división de consumo de Twitter, despidieron a gerentes de producto, dejando apenas una decena de ellos. Según un cálculo, la nueva proporción entre ingenieros y gerentes era de 70 a 1.

Para el sábado pasado, los asesores de Musk se dieron cuenta de que los recortes podrían haber sido demasiado profundos y pidieron a algunos ingenieros, diseñadores y jefes de producto despedidos que volvieran a sus antiguos puestos de trabajo 

El lunes, algunos empleados de Twitter llegaron al trabajo para descubrir que ciertos sistemas en los que habían confiado ya no funcionaban y, que los directivos y ejecutivos que podían solucionar el problema habían sido despedidos o renunciaron.

Esta semana, los ejecutivos de seguridad discreparon con el equipo de Musk sobre la forma en que Twitter debe cumplir sus obligaciones con la Comisión Federal de Comercio (FTC) y el miércoles, un día antes de que expirara el plazo para que Twitter presentara un informe a la FTC, renunciaron la directora de seguridad de la información, el director de privacidad y la directora de cumplimiento al argumentar que las revisiones internas de la privacidad de los productos de Twitter no se estaban llevando a cabo.

La FTC dijo que estaba siguiendo los acontecimientos en Twitter con “profunda preocupación” y que “ningún director general o empresa está por encima de la ley”. Más tarde, Musk envió a los empleados un correo electrónico diciendo que Twitter se adherirá al acuerdo con la FTC.

Y la historia continuara.

Contacto.- @lalocampos03 (Twitter)

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