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La atención médica a las enfermedades de todo tipo y los riesgos asociados, representa para los mexicanos un serio déficit. La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha recomendado a los gobiernos invertir al menos el 6% de su Producto Interno Bruto (PIB) en su sistema público de salud, pero México apenas ronda el 2.7%, en esta administración. 

Esto lo ubica entre los últimos lugares de países con menor presupuesto para el sector. Para el 2023 el gobierno destinó 892 mil millones de pesos (en números cerrados), un alza de 4.2% en términos reales respecto de 2022, cuando autorizó 856 mil 641 millones de pesos.

Sin embargo, de acuerdo con analistas, los recursos destinados permanecen prácticamente estancados desde 2018, en tanto que aumentaron las necesidades. Aparte de que siempre quedan sujetos a recortes y subejercicios.

Como en todo, ante estas deficiencias los más castigados han sido los más pobres. Esto lo entendió el presidente Andrés Manuel López Obrador, por lo cual desde que inició su gestión prometió llevar los servicios al nivel de los mejores del mundo.

Aunque inició una serie de cambios, que pudieron ser importantes y necesarios, lo que ha resultado tiene a muchos inconformes.

Al margen de las decisiones administrativas y luego de cuatro años, siguen prevaleciendo las carencias conocidas: presupuesto insuficiente, falta de infraestructura y equipamiento clínico; déficit de médicos y enfermeras; barreras de acceso, que afectan más a las poblaciones rurales.

En estos años, el Ejecutivo tuvo que enfrentar la pandemia del COVID con reasignaciones, recortes y “ahorros”. Los saldos en este punto son conocidos.  Mientras tanto el resto de padecimientos “ordinarios” de la población mexicana siguieron aumentando, al tiempo que resurgieron otros ya erradicados.

La corrupción de funcionarios, empleados, proveedores y contratistas del sector, sigue siendo un pendiente de esta administración.

Asimismo, la inflación le pegó al bolsillo de los pacientes, con hasta un 7.5% promedio; pero algunos medicamentos especializados y de patente se ubicaron fuera del alcance de la población más necesitada.

Si bien, el presidente Obrador estableció para los pacientes sin filiación clínica la gratuidad de los servicios médicos y de las medicinas, lo cual ya es un hecho, en la realidad un enfermo tiene que padecer alguna de las insuficiencias mencionadas.

Hasta ahora, la promesa de dar pronto a los mexicanos una atención igual a la mejor del planeta solo ha sido una buena intención… o propaganda política. 

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