*Hoy, más que nunca la sociedad, y específicamente las universidades, deben crear espacios en los que nuevas masculinidades sean posibles*
El sistema patriarcal también afecta a los hombres. En el régimen patriarcal, ser hombre tiene un costo muy elevado. “Valores como la competitividad, la demostración de fuerza, la resistencia, la valentía, el heroísmo, implican que los hombres arriesguen sus vidas con tal de cumplir con estas pautas”, afirmó el investigador Mauricio Zabalgoitia, responsable del Seminario Permanente sobre Masculinidades y Universidad (SeMasCu) del Instituto de Investigaciones sobre la Universidad y la Educación (IISUE), de la UNAM, durante su conferencia “Masculinidades y el cuidado de sí”, que tuvo lugar en el Centro de Ciencias de la Complejidad, como parte del Seminario de Cuidados para la Vida y el Bien Común, del C3.
En su alocución, el académico dijo que “a menudo, el patriarcado y sus efectos negativos suelen estar presentes en los discursos feministas, sin embargo, éste propicia una normatividad implícita que hace que muchos hombres no se permitan externar sus emociones o las “mantengan a raya”; que haya una especie de “terrorismo emocional” esto significa el “ejercer control hacia la pareja a través del ocultación de emociones y reacciones”; que descuiden su salud física para no mostrar debilidad; o que desarrollen problemas emocionales y de salud mental porque no cumplen con las expectativas de la masculinidad: “proveeduría, éxito, capacidad, el llegar más lejos, el nunca romperse, una constante capacidad de tener el control y de resistirlo”.
Según la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), patriarcado se refiere al “dominio sistemático de los hombres sobre las mujeres, en el cual los hombres ostentan el poder y dominan en los papeles de liderazgo político, autoridad moral, privilegios sociales y control de la propiedad”.
En la década de 1970, en textos fundacionales tales como Política Sexual de Kate Millet, se asentó el argumento de que la opresión de las mujeres por parte de los hombres en las relaciones íntimas era la base de la desigualdad de las mujeres en la sociedad en general y que los hombres mantenían su poder controlando los recursos económicos de la familia y utilizando la violencia contra las mujeres, niñas y adolescentes. Este concepto sigue vigente para el activismo feminista contemporáneo.
El constante recordatorio de lo que significa ser hombre está derivando en problemas de salud. Por ejemplo, según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía, INEGI, la tasa promedio de suicidio según sexo, reveló que en 2022 la tasa de suicidio en hombres fue de 10.5 por cada 100 mil, en tanto que, en mujeres, fue de 2.3 por cada 100 mil.
Según Zabalgoitia. el sistema patriarcal, y la necesidad de demostrar fuerza y poder como parte de la masculinidad, llevan a estos a exponer su vida de manera frecuente y a tener hábitos no saludables. Por ejemplo, el consumo de alcohol en la población mexicana según la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición 2018 mostró que el 80% de hombres consumieron alcohol por lo menos una vez; la estandarización de actos poco sanos se relaciona con la información sobre decesos del INEGI, que revela que en el año 2022 el 76.98% de las muertes por accidentes pertenecieron a hombres.
El investigador puntualizó que la masculinidad en el patriarcado se basa en el desprecio a lo femenino. “Desde muy temprano los niños aprenden que el género es asimétrico, que su identidad se conforma a partir de jerarquías y que lo femenino no es lo mejor”. Y esas percepciones se manifiestan en la adultez: “Todo el día recurrimos a recursos de sexismo, homofobia, violencia sexual [práctica y simbólica], chistes, humor y ejemplos, para recordar que no estamos ocupando el lugar desprestigiado de las mujeres”, dijo.
Además, el ser hombre en el sistema patriarcal implica un temor a la homosexualidad: “Es la idea de que el mundo se ha construido para relaciones, personas y formas heterosexuales, donde la parte masculina lleva la parte directiva; así, relaciones afectivas, económicas, sexuales, sociales o culturales sólo están hechas para hombres heterosexuales, blancos y en posiciones de poder”. Por eso, hay “que demostrar constantemente que no soy homosexual, y que nunca se ponga en tela de juicio, porque entonces pierdo valor”.
Preguntó el académico: “¿Qué tanto nos conviene sustentar la masculinidad en una sola vía, cuando una gran cantidad de gente no cabe en estas definiciones?”.
Hoy, más que nunca la sociedad, y específicamente las universidades, deben crear espacios en los que nuevas masculinidades sean posibles, sentenció Zabalgoitia.




