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LAS MAÑANERAS DE TODOS LOS DÍAS Y EL DESGASTE DE LA FIGURA PRESIDENCIAL

LAS MAÑANERAS DE TODOS LOS DÍAS Y EL DESGASTE DE LA FIGURA PRESIDENCIAL

*Un vocero debe ser coherente, dominar el tema, conocer a fondo la información que se transmitirá y ser capaz de convertir preguntas hostiles en mensajes convincentes para mitigar el daño potencial*

Las “Conferencias de Prensa Mañaneras del Pueblo” son parte de una estrategia de gobierno utilizada durante el sexenio pasado y lo que va del presente, tanto por Andrés Manuel López Obrador como por quien lo sucedió en el cargo. Son versiones de los encuentros con la prensa y la comunicación directa que en su momento realizaron Fidel Castro en Cuba y Hugo Chávez en Venezuela. Constituyeron una herramienta fundamental de sus respectivos gobiernos para articular la narrativa política, movilizar a sus bases y enfrentar la oposición, aunque con estilos y contextos distintos. Ambos líderes privilegiaron la comunicación directa y televisada sobre los formatos periodísticos tradicionales. Ante todo, fueron utilizadas para fines propagandísticos y para atacar a sus supuestos enemigos políticos.

Vale la pena evaluar los riesgos que un mandatario corre ante el desgaste que conlleva naturalmente la exposición tan frecuente ante los medios de comunicación, porque independientemente de los beneficios que estos encuentros pueden aportar en términos de difusión propagandística y la imagen de cercanía con la ciudadanía, también conllevan el riesgo de desgaste de quien se enfrenta a diario con los cuestionamientos de los periodistas ante situaciones coyunturales difíciles de manejar.

Los consultores en comunicación solemos recomendar que el primer contacto público de quien encabeza una empresa o institución ante una situación coyuntural sea un vocero especializado en la materia de que se trate, con el fin de que sea la persona mejor informada quien enfrente los cuestionamientos de periodistas o de personas afectadas por alguna situación contingente. 

Ello tiene el doble propósito tanto de informar con conocimiento de causa, como de proteger la reputación del más alto dirigente de la organización, quien en primera instancia no necesariamente cuenta con toda la información del caso o con el expertise suficiente para explicarlo. Un director o presidente no domina todos los temas que pueden surgir en torno a la operación de la entidad que encabezan. Un titubeo, error en cifras o desinformación sobre lo que quiere saber la opinión pública puede representar un riesgo para su credibilidad o para su reputación o la de la organización, el activo más valioso con que ambas cuentan.

La labor de los voceros es actuar como la voz oficial de una organización, transmitiendo seguridad, empatía, transparencia y control para salvaguardar la reputación de la misma. Su misión es informar con rapidez y precisión, manteniendo la calma, manejando la presión mediática y utilizando la información que posee para frenar bulos y dar explicaciones claras. También hay que tomar en cuenta que el lenguaje no verbal dice más que las palabras y es delator de estados de ánimo. Este es otro riesgo de la exposición excesiva a los medios de comunicación.

Por lo anterior se recomienda citar a conferencias de prensa solo cuando se cuente con información importante que debe compartirse y con el tiempo necesario para prepararla y para anticipar preguntas o inquietudes de los periodistas en torno a la misma.

Un vocero debe ser coherente, dominar el tema, conocer a fondo la información que se transmitirá y ser capaz de convertir preguntas hostiles en mensajes convincentes para mitigar el daño potencial.

El desgaste de la figura presidencial en México es un fenómeno complejo que ha evolucionado significativamente entre el final del sexenio de Andrés Manuel López Obrador y el inicio del mandato de Claudia Sheinbaum. A pesar de los altos niveles de aprobación popular, la institución presidencial enfrenta retos estructurales relacionados con la concentración de poder y los desafíos de gobernabilidad. 

La presidente Sheinbaum mantiene aprobación, con matices. A poco más de un año de su gestión, ha mantenido una aprobación alta, superior al 70%, incluso superando a AMLO en el mismo punto de su mandato.

A pesar de la popularidad, analistas detectaron un desgaste de entre 8 y 10 puntos porcentuales en este lapso, durante el cual han surgido incontables situaciones críticas que ha enfrentado en forma intempestiva, sin los filtros deseables o información suficiente para satisfacer las inquietudes de los periodistas, forzada por una cita diaria con la prensa, con lo cual,  obligadamente, enfrenta las crisis que surgen, las que generan los errores gubernamentales y las que se inventan para crear cortinas de humo con el fin de desviar la opinión pública. Se corre el riesgo, por ejemplo, de que se perciba que la primera mandataria utiliza las relaciones internacionales sólo para gestionar conciertos.

Ante ello, la única defensa está contenida en el documento emitido por la Coordinación General de Comunicación y Vocería del Gobierno de la República, titulado “Lineamientos de las conferencias de prensa mañaneras del pueblo”, que en cuyo inciso 30 dice: “La transgresión de cualquiera de los lineamientos (…anteriores) será causa de sanciones que pueden llegar a la cancelación temporal o permanente de la acreditación del representante o del medio de comunicación acreditado”.

Las preguntas surgidas de las reflexiones anteriores son: ¿qué porcentaje de este desgaste silencioso puede atribuirse a una exposición tan frecuente a los medios, durante la cual la presidente ha cometido los errores de la improvisación o de la respuesta a cuestionamientos incómodos o a preguntas inesperadas, a pesar de los filtros y de los cuestionamientos a modo de los “periodistas” oficialistas?; ¿es funcional, en la estrategia de protección de la imagen presidencial, que la mandataria se auto imponga una cita diaria con la prensa, a pesar de que en muchas ocasiones no tiene respuestas para muchos de los cuestionamientos que pueden surgir?; ¿pesa más el valor de la propaganda que a diario se hace, que la reputación de la Presidente de la República?; ¿se justifica que la primera mandataria de la nación destine, en promedio, el diez por ciento de su tiempo laboral a estos encuentros propagandísticos, a pesar de que la coyuntura exige toda su atención en asuntos prioritarios para la nación?; ¿no sería más provechoso que los funcionarios invitados a las “mañaneras del pueblo” se reunieran con los periodistas para explicar los asuntos de su especialidad sin la presencia de la presidente?

La presión que conlleva la exposición diaria ante periodistas, muchas veces para responder asuntos complejos que surgen repentinamente, sin tener ocasión de preparar las respuestas, pueden minar la imagen del país, así como la salud y la reputación de la presidente.

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