El 1° de marzo de 2019 el entonces presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, envió una carta al rey de España, Felipe VI, para pedir que la Corona Española reconociera oficialmente los agravios ocurridos durante la conquista de México hace 500 años. Y pedía, ahí mismo, que pidiera disculpas a los pueblos indígenas por tales ultrajes, según argumentó en la misiva López Obrador.
El 25 de marzo de ese año el gobierno de España reaccionó al comunicado del gobierno mexicano, sin una respuesta oficial rechazó, “con toda firmeza”, el contenido de la carta. Dijo que la llegada de los españoles hace 500 años no puede juzgarse bajo “consideraciones contemporáneas”.
Estos hechos provocaron una tensión diplomática entre ambos gobiernos. En México, los mexicanos no tomaron tan a pecho tal situación y de hecho historiadores argumentaron que en efecto durante aquella conquista de lo que aún no era México, no sólo participó el grupo de españoles que llegaron al continente, sino que grupos de indígenas mexicanos también confrontaron a otros grupos que los habían sojuzgado durante años… Y así.
En España hubo indignación, no sólo por el tono de la misiva sino también porque AMLO sobreponía a las relaciones actuales hechos históricos ya superados por el paso de los años.
López Obrador indignado por la indiferencia española a su misiva y la no respuesta del rey de España, el 9 de febrero de 2022 decidió una “pausa” en las relaciones diplomáticas y económicas con España. Argumentó además “saqueo” y trato “especial” recibido por empresas españolas en sectores energéticos durante gobiernos anteriores: “México no es tierra de conquista” dijo Obrador.
Al iniciar su gobierno en octubre 2024, la presidente Claudia Sheinbaum mantuvo la postura de exigir a España una disculpa pública por las atrocidades de la Conquista. Defendió la carta enviada por López Obrador en 2019, calificándola de “muy diplomática” y señaló que “el perdón engrandece a los pueblos”, insistiendo en que “seguimos esperando”.
Ninguno de los dos gobiernos quería ceder, aunque finalmente en una señal de diplomacia, el 16 de marzo de 2026, el Rey Felipe VI de España reconoció que hubo “mucho abuso” durante la Conquista de América.
En el gobierno mexicano lo dicho por el monarca español fue una señal de disculpa, de reconocimiento y petición de perdón, aunque matizada. Y se vio bien. Era la señal esperada. Inmediato comenzó la maquinaria de acercamiento y reconciliación.
Al final, en un cálculo político y diplomático, la presidente de México decidió aceptar la invitación del presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva a una reunión organizada por el presidente de España, Pedro Sánchez en Barcelona:
La “Cumbre en Defensa de la Democracia”, a la que también acudieron el mismo anfitrión español; Luiz Inácio Lula da Silva (Brasil), Claudia Sheinbaum (México), Yamandú Orsi (Uruguay), Gustavo Petro (Colombia) así como dirigentes de Sudáfrica y Lituania.
Durante la reunión hubo la oportunidad de que la presidente de México, Claudia Sheinbaum y el presidente español, Pedro Sánchez, se reunieran el sábado 18. Fue un encuentro cordial, sin contratiempos y propositivo.
De alguna manera ese día restablecen el diálogo. Aunque previo a su salida para Barcelona la mandataria mexicana dijo que en realidad nunca se habían roto las relaciones diplomáticas con España, que el comercio seguía vigente, las inversiones de capital, los intercambios culturales…
En la reunión –señaló el envío oficial del gobierno mexicano–, se habló de asuntes de cultura y comercio. La presidenta reiteró a Pedro Sánchez la importancia que representa la Conquista para México y el reconocimiento de abusos de Hernán Cortés. Sin comprometerse el mandatario español mantuvo la cordialidad y la discreción.
“Nos reunimos con el presidente de España; hablamos de seguir enviando exposiciones sobre la grandeza de las culturas originarias de México, de antes de la llegada de los españoles y de ahora, y estuvo de acuerdo. Al mismo tiempo, hablamos de energías renovables y otros temas. Y lo invité a que estuviera el próximo año, porque vamos a hacer esta misma cumbre en México”, afirmó.
Lo importante a todo es que ya se dieron pasos firmes para el restablecimiento del diálogo entre gobiernos; un diálogo indispensable para facilitar todo tipo de negociaciones y de acuerdos comerciales y de inversión entre los dos países.
Pero sobre todo soluciona muchos contratiempos para ciudadanos mexicanos con trámites ante el gobierno español, como es el caso de estudiantes becarios, apoyos internacionales, comercio fluido… Y a la inversa.
Con España hay una larguísima historia que la une a los mexicanos. Es por historia, sí; por divergencias, sí; por responsabilidades y agravios, sí. Pero también hay mucho camino recorrido durante siglos en los que han ocurrido altibajos, traiciones y apoyos como también solidaridad y fraternidad.
Nada ha menguado la cordialidad entre los españoles y mexicanos. Con todo y sus simpatías y diferencias. La fraternidad entre naciones no depende de los gobiernos en turno; sobre todo depende de los ciudadanos; de los pueblos; de los habitantes de cada nación y del recuento de aciertos y no de errores, a los que sí, hay que recordar, pero para no repetirlos, según escriturara Heródoto.




