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REDES SOCIALES: EL ESPEJO DE LA INTIMIDAD

La tecnología ha inundado nuestro entorno, tanto, que forma parte de la cotidianidad del ser humano. Como muestra: las redes sociales que, si bien han funcionado para conseguir una mejor comunicación, también se han convertido en el escaparate de la vida privada de muchos usuarios, al publicar asuntos que, hasta hace algunos años, sólo formaban parte de los secretos más íntimos de las personas.

Esa “costumbre” de escribir estados de ánimo, tomarse fotos o videos y compartirlos con los demás, se ha vuelto una práctica frecuente que ha sobrepasado el ropaje que nos poníamos a propósito, para evitar que los otros descubrieran más allá de lo que deseábamos mostrar. Al parecer, ahora sucede todo lo contrario: la desnudez es el sello de las redes sociales.

LA BÚSQUEDA DEL RECONOCIMIENTO

Para Néstor Fernández Sánchez, psicólogo y doctor en Pedagogía por la UNAM, con especialidad en redes sociales, la explicación de que cada vez más individuos ventilen sus asuntos personales se relaciona con la Pirámide de Maslow (creada por el psicólogo estadounidense Abraham Maslow), puesto que “somos entes bio-psico-sociales. Tenemos varios niveles, escalones que vamos subiendo, la base fundamental es lo fisiológico. Cuando tenemos eso, ya podemos escalar el siguiente nivel que es la seguridad; o sea, mi seguridad física; después, subimos hacia la parte social. Cuando ya lo resolvimos, viene la estima, y luego, la autorrealización.

“La estima se refiere a la búsqueda del éxito y mínimamente para reconocerse. Uno se reconoce como ente, pero el reconocimiento de que soy alguien en esta vida con referencia a otros; es decir, no basta saber que vivo, que respiro, que estoy bien, que estoy sano y que puedo solo, sino que también necesito que me lo reconozcan.

“La última escala de la pirámide es la autorrealización; ya hemos conseguido objetivos personales, ya no estamos sufriendo, ya no vemos la vida como algo en contra de nosotros, sino como parte de lo que hemos hecho”.

Y de este modo, las personas escalamos y escalamos para conseguir la autorrealización; sin embargo, en esta era tecnológica, no es suficiente que los logros alcanzados se guarden en el cajón de la intimidad. Así como los griegos dieron a conocer sus hazañas en sus inmortales epopeyas, ahora existen las redes sociales para compartir las gestas y, así, saberse reconocidos.

“El señor Mark Zuckerberg para eso inventó estas redes sociales. Identificó: ¿qué necesitamos?, ¿comunicarnos nada más? No, también requerimos saber del otro y que el otro sepa de mí. Entonces hizo el algoritmo, el sistema para que tú, yo y cualquier persona que sepa de esta información, le vayamos agregando cada vez más nuestros gustos, preferencias, imágenes, los sitios que visitamos, etcétera.

“Con este tipo de recursos llenamos nuestra necesidad social de comunicarnos. Y viene la otra que no midieron y hoy ya no se puede parar, que es la búsqueda de la estima por parte de la gente que no ha logrado reconocer su propio yo; es decir, necesitan salir a la calle como alguna vez lo hicimos para jugar con los chicos del barrio, de la escuela, los vecinos, y esa interacción nos permitía medirnos cuán hábiles éramos, y ahora que estamos más encerrados y máxime con la pandemia, ¿de dónde sacamos esos referentes?, ¿con quién puedo interactuar para valorar el conocimiento de mí mismo, mis destrezas, mis habilidades, mi inteligencia?, pues a través del medio de comunicación que me lo permite que son las redes sociales y no está mal, está bien. Es el momento histórico que nos tocó vivir”, explica el doctor Néstor Fernández Sánchez.

De modo que, en la medida que las redes sociales se alimentan de información personal, la autoestima crece y se fortalece. De acuerdo con el especialista de la UNAM, la gente necesita saber que los demás conocen sus alcances y, no sólo eso, que haya una interacción: que el otro reaccione y conteste las publicaciones.

QUIERO QUE ME VEAN

Sin duda, las circunstancias tecnológicas de la era actual son factores importantes en el auge de las redes sociales y, en muchas ocasiones, se han vuelto necesarias; sin embargo, hay de publicaciones a publicaciones. “Es distinto el uso que le damos a nivel académico y profesional, que al de la vida cotidiana; cuando publico ´me voy a bañar´, ´voy al baño´, ´ya comí´, ´mira lo que comí´, ´mira lo que me probé´, ´mira mi ropa´, es como reportar todo el tiempo al otro, que además no sabemos quién es, porque en teoría son las amistades y los contactos cercanos, pero también, muchas veces, tenemos amigos en el Face, en Twitter o en el Instagram que en realidad son desconocidos”, manifiesta Lillalí Rendón, psicóloga y maestra en Comunicación de la UNAM.

La maestra explica que el entorno social ha obligado a las personas a allegarse más a las redes, porque “si no publicas no existes”. Agrega que “el desarrollo tecnológico nos lleva a pedir, exigir, formar parte de este mundo virtual, pero también hay una necesidad personal de ser visto, una necesidad social de publicar, hazte presente, comparte, recomienda. Entonces, mi necesidad personal se potencia con el entorno social y el entorno social potencia mi necesidad personal”.

Esta exigencia de permanencia virtual ha conducido a publicar lo inimaginable y, en muchos casos, una vida “maquillada”, tal como lo expone la maestra Rendón: “El publicar en las redes que tengo novio, que mi hijo sacó 10, que cumplo 20 años, es como decirle al mundo una realidad que no siempre es real, que ése es otro tema importante. Las redes nos permiten dar información, abrirnos al mundo, para que éste nos conozca, pero también hay mucha recreación de la realidad. A veces, no digo que siempre, publican: ´Qué feliz soy con mi marido´ y no es así. Entonces, es una ventana al mundo, pero puede ser una ventana con un filtro borroso, que me puede servir para conocer al otro, pero también mal conocerlo o para dar una imagen ficticia de quién soy”. 

En este contexto, el doctor Fernández Sánchez retoma un aspecto de la Pirámide de Maslow: el reconocimiento, y añade que las personas “abusan del medio de comunicación que es la red social para hacerse sentir que existen; por ejemplo: todavía no voy al viaje, pero aquí están los boletos, ya los compré o ni siquiera los he comprado, pero pienso ir. ¿Para qué? Para que la gente lo reconozca y diga: ´Ah, muy bien, qué bueno´. Ese tipo de interacción hace que se sientan bien, les llena el que hablen bien de ellos. No se diga los chicos de hoy, los adolescentes, jóvenes y también adultos que en su momento nos sentimos autorreconocidos, capaces de tener una relación de pareja sexual y no había ningún problema; pero ahora no, tienen que presumirlo para sentir que los demás se lo reconocen, porque si no, parece que no tengo sexo, si es así, no me importa, claro, a mí, pero entre ellos sí valoran ese tipo de cosas”.  

VENTAJAS Y DESVENTAJAS

Como en la mayoría de las circunstancias, existe el lado positivo y el negativo. La maestra Lillalí Rendón habla de las ventajas y desventajas que hay en el uso de internet y, específicamente, en lo que se refiere a redes sociales.

“Las ventajas tienen que ver con las posibilidades de establecer comunicación, interacción con otras personas en todas partes del mundo. Internet nos sirve para tener acceso a información de cualquier lado del planeta, estoy pensando en bibliotecas, instituciones y demás; nos sirve para que tu información se lea en distintos puntos del globo terráqueo, para ampliar nuestro bagaje cultural porque podemos ver producciones, noticiarios de diversas partes del mundo, para comercializar, estudiar y trabajar.

“¿Cuáles son las desventajas? Que si no sabemos cuidar qué decimos, para qué lo decimos, a quién se lo decimos, corremos el riesgo de ponernos en peligro y de permitirle a un desconocido, con malas intenciones, que entre a nuestro espacio. El ejemplo que me gusta poner es que si tú estás en la puerta de tu casa y llega un desconocido y te dice: ´Hola´ y tú le contestas: ´¡Ay!, hola, pásate, mira, ésta es mi recámara…´. No lo haces, ¿verdad?, pues lo mismo sucede en internet: tú puedes saludar en la puertita y hasta que no sepas quiénes son las personas, interactúas más y para saber qué cosas les vas a decir. El riesgo de internet es el mal uso de esos espacios y la exposición exagerada de tu vida privada hacia afuera”.

La maestra, también especialista en redes sociales, recuerda que antes se utilizaban los álbumes fotográficos y a todo aquél que visitaba la casa, los papás se lo enseñaban, de modo que “nos veían en calzones, encuerados, de chiquitos; llegaba el nuevo novio y le mostraban toda nuestra historia de vida. Lo mismo pasa ahora, la diferencia es que hoy exponemos esa información porque al exhibirla, al ponerla en la nube, cualquiera la puede tomar, reproducir y hacer uso de ella. Entonces es un doble peligro: no sólo por darla a conocer, sino porque puede ser mal utilizada”.

LOS RIESGOS

Lo anterior, está ligado a los riesgos que se corren al mostrar gran cantidad de información de la vida privada. Las personas, por naturaleza, se sienten regocijadas y enriquecidas emocionalmente si la gente habla de ellas, si comentan sus aciertos, estados de ánimo, las fotos amorosas con la pareja o con la familia, pero no todo es color de rosa, puesto que existe el lado oscuro: contarles no sólo a los amigos, sino a los desconocidos, que tenemos la suficiente solvencia para viajar, comprar autos, ropa, vivir como príncipes, comer rico, ir al cine, etcétera.

El oficial Eduardo Portillo, de la Policía Cibernética de la Ciudad de México, comenta que “los principales riesgos que se corren al publicar la vida privada en redes sociales pueden derivar en diversos delitos. El primero sería una extorsión, en este caso el ciberdelincuente, como ya tiene información precisa de la persona, hace la llamada y empieza a extorsionar. Otro delito sería el robo de identidad con la información proporcionada por el usuario. Hay ciberdelincuentes que crean una cuenta falsa y a lo mejor piden dinero a familiares y amigos haciéndose pasar por la persona, y ya como tal, se podría dar el secuestro, esto cuando mandan ubicaciones; por ejemplo, de dónde están comiendo, dónde van al gimnasio, dónde trabajan o estudian, o hasta cuando crean su cuenta y escriben la dirección de su domicilio”.

Aunque todas las personas están en peligro de caer en manos de delincuentes, el oficial de la Policía Cibernética de la Ciudad de México declara que “los menores son los que tienen mayor posibilidad de ser víctimas, por creerse todo lo que ven a través de internet, por no leer términos y condiciones de lo que ocupan; en repetidas ocasiones no tienen la edad recomendada para hacer uso de las redes sociales y ya las utilizan. Por otro lado, están las personas adultas, éstas por la falta de conocimiento hacia la tecnológica. Muchos se niegan a interactuar con la tecnología y sabemos que hoy en día está en todos lados”.

El oficial Portillo también argumenta que la información publicada en redes sociales no sólo llega a los amigos, sino a personas ajenas. “Esto se da por no tener privacidad en las redes sociales. Hay una opción de privacidad que impide encontrar a los usuarios por nombre, número telefónico y correo electrónico; entonces, hay que activar esa opción. Si mi perfil es público, cualquiera, sin ser mi amigo, puede acceder a mi información y ver mis perfiles de redes sociales”.

Por tal razón, el oficial sugiere no compartir información de más; por ejemplo, las fotografías que, en la actualidad, los ciberdelincuentes las utilizan para hacer mal uso de ellas. En diversos casos, las matizan de contenido sexual.

Si acaso se detectara una acción delictiva en las redes, el oficial Eduardo Portillo sugiere visitar la página de la Policía Cibernética o llamar al teléfono 55 52 42 51 00 con la extensión 5086.

Es maravilloso sentirse y saberse escuchados, vistos, vanagloriados y descubrir a cada instante que las publicaciones almacenan, de forma descomunal, los “me gusta”, “me encanta”, “me divierte”, “me entristece” o “me enoja”, porque eso quiere decir que mis amigos tienen conocimiento de mis victorias y que mi yo interno ha llegado hasta ellos, pero ¿vale la pena desnudarse ante los demás? Como en todo, en gustos se rompen géneros.   

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