El año próximo, el 6 de junio de 2027 para ser exactos, habrán de celebrarse en México las llamadas elecciones intermedias, lo que significa que estarán en disputa poco más de 3 mil puestos de elección popular: Las 500 diputaciones de San Lázaro, más de 2 mil presidencia municipales, jueces y magistrados del Poder Judicial y, por supuesto, 17 gubernaturas que podrían reconfigurar el mapa político de México de cara a lo que será la segunda parte de la gestión de la Presidenta Claudia Sheinbaum.
Al interior de los distintos partidos políticos que entrarán en pugna por conservar o, en su defecto, arrebatar esas 17 gubernaturas hay expectación, nerviosismo y preocupación. Por eso, las semanas y meses venideros, una vez que se defina el derrotero que tendrá la reforma electoral que se está cocinando, serán muy importantes para todos.
Enfocándonos exclusivamente en la elección de gubernaturas para el 2027, empecemos por enumerar a los estados donde se celebrarán comicios: Aguascalientes, Baja California, Baja California Sur, Campeche, Chihuahua, Colima, Guerrero, Michoacán, Nayarit, Nuevo León, Querétaro, Quitana Roo, San Luis Potosí, Sinaloa, Sonora, Tlaxcala y Zacatecas. La repartición actual de estos estados nos dice que el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) gobierna en 12, el Partido Acción Nacional (PAN) en tres, Movimiento Ciudadano (MC) en uno y el Partido Verde Ecologista de México (PVEM) también en uno. Las matemáticas más simples arrojan un apabullante dominio guinda.
Sin embargo, de acuerdo a encuestas tempraneras y a proyecciones derivadas del desempeño de los actuales gobernadores, todo indica que un grueso del electorado que acudirá a las urnas aplicará lo que conocemos como el “voto de castigo”, pricipalmente en Campeche (con Layda Sansores), Chihuahua (con Maru Campos), Colima (con Indira Vizcaíno), Guerrero (con Evelyn Salgado), Michoacán (con Alfredo Ramírez), Nuevo León (con Samuel García), Sinaloa (con Rubén Rocha), Tlaxcala (con Lorena Cuéllar) y Sonora (con Alfonso Durazo), lo que significa que nueve de las 17 gubernaturas, más de la mitad, podrían cambiar de manos el año próximo y el gran perdedor, de confirmarse esta tendencia, sería Morena, pues las pésimas gestiones de siete de sus mandatarios estatales dejarían muy mal parado al partido guinda a partir del 7 de junio de 2027.
En menor medida también se verían afectados los naranjas, pues cederían una de las dos gubernaturas que tienen (el 50%) y los blanquiazules una de las tres que ostentan (el 33%). Para ambos serían pérdidas verdaderamente significativas, pero si Morena no aprieta tuercas de aquí al día de la elección en esos estados donde sus gobernadores no han entregado buenas cuentas sin dudas estarían firmando un domingo catastrófico.
Y el termómetro que nos permite perfilar este escenario proviene del Ranking Mitofsky de Gobernadores de enero de 2026, el cual arroja que prácticamente todos estos mandatarios estatales se ubican de media tabla para abajo en lo que respecta a índices de aceptación. Sí, cinco de ellos (Campos, Cuéllar, Rocha, Durazo y Ramírez) están por encima del 50% de aprobación, pero de panzazo, nada qué presumir. Pero el resto (Vizcaíno, García, Salgado y Sansores) de plano si andan por la calle de amargura, apenas rayando el 40%.
Esto sólo significa una cosa: Focos rojos.
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