No se confundan, el encabezado de mi plana/columna de esta semana no tiene nada que ver con aquel simpático e inolvidable ser producto del ingenio del señor Steven Spielberg y que nos enterneció a todos en la década de los ochenta. Me refiero a las temibles y terribles Enfermedades de Transmisión Sexual (ETS) y que también identificamos como Infecciones de Transmisión Sexual o Enfermedades Venéreas, las cuales desgraciadamente vienen en un extensísimo catálogo que ataca por igual tanto a hombres como a mujeres.
Como su nombre lo indica, éstas son infecciones que se adquieren por sostener relaciones sexuales (contacto heterosexual u homosexual) con alguien que esté contagiado y se adquieren a través de bacterias o parásitos. Muchas se pueden mantener bajo control, una vez que alguien se haya contagiado, con medicamentos; y el uso correcto del condón de látex disminuye enormemente, pero no lo elimina, el riesgo de adquirir una ETS.
Sin embargo, para protegernos tanto a nosotros mismos como a nuestras parejas (en caso de tenerla) de las ETS, lo más adecuado es tener una vida sexual mesurada y responsable, algo que en sociedades como la nuestra lamentablemente no se presenta ni se ejerce adecuadamente. La cultura de la sexualidad, tanto en el hogar como en las escuelas, tiende a presentarse con huecos verdaderamente dramáticos que provocan que niños, niñas y jóvenes crezcan con conceptos y valores poco claros y poco sólidos a la hora de enfrentar un tema tan delicado como lo es el sexo.
Y para botón de muestra de lo serio y complejo que es este tema, en Estados Unidos, por ejemplo, al año se diagnostican 13 millones de nuevos casos de ETS, por lo que uno de cada cuatro estadounidenses entre 15 y 55 años de edad en alguna etapa de su vida contraerá clamidia, sífilis, gonorrea, herpes genital y, en el peor de los casos, SIDA/VIH.
Sobre las interrogantes que rondan el escenario de cómo puede ser posible que una persona evite contraer o contagias una ETS a lo largo de su vida, hay varios puntos a considerar, siendo el principal que en una relación monógama entre dos personas no contagiadas de nada es la mejor manera de evitar contraer una ETS; igualmente, insisto, el uso adecuado y consistente del condón (siempre nuevo en cada acto sexual) allana el camino para alejarse de un potencial contagio y, en una última instancia, si alguno de los dos componentes en una relación ya tuvo en el pasado, inmediato o lejano, alguna enfermedad venérea, lo más honesto y atingente es comunicárselo a su pareja, para que ambos puedan llevar con éxito su sexualidad. Aquí también cabe que acudan regularmente con un médico familiar o un ginecólogo para que los revise.
Vivimos tiempos de muchos avances médicos, pero al mismo tiempo estamos experimentando una especie de insensibilización y retroceso en torno a temas (incluido el sexual) que hasta no hace mucho afrontábamos con mayor seriedad y profundidad. Todos, absolutamente todos, estamos expuestos a ser contagiados o a contagiar alguna ETS, razón de más para concientizarnos de nuestro entorno y no caer en indiferencia e ignorancia. Cierto, la fidelidad ayuda mucho para mantenernos 100% sanos, pero también hay que informarnos lo suficiente para aprender sobre la prevención.
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