*Los recientes dislates de los ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, incluyendo la del ministro presidente, están lesionando gravemente la reputación de uno de los Poderes de la Unión*
Varios de los ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) llegaron a su encargo en la nueva etapa de esa institución con gran peso sobre su espalda en términos reputacionales. Desde escándalos sobre el plagio de tesis profesionales, pleito en vecindad, irregularidades en declaraciones patrimoniales, adquisición de vehículos de lujo en plena “austeridad franciscana”; hasta formar parte de un poder proveniente de la elección severamente cuestionada por el uso de los tristemente célebres acordeones.
El otrora prestigiado Poder Judicial ahora está cuestionado por la opinión pública debido a los recientes dislates de algunos de sus ministros, agravados ahora por la multicitada boleada de los zapatos de Hugo Aguilar, presidente de la SCJN, en público, por parte de dos de sus cercanos colaboradores.
Es evidente que los ministros no tienen conciencia del daño reputacional que con sus acciones ocasionan a uno de los tres Poderes de la Unión. Por mandato constitucional, cada uno de los poderes, Ejecutivo, Legislativo y Judicial, tienen el mismo peso para conducir los destinos de la nación, en sus distintas especialidades. Por ello, el prestigio de estos debe cuidarse con el mismo esmero.
La investidura de las figuras públicas, para bien o para mal, es permanente, independientemente de los roles que desempeñen en su vida personal. Los encargos surgidos de un nombramiento o de una elección trascienden a lo que quienes lo ostentan fuera de la oficina. Este es un hecho insoslayable. Lo que diga o haga un ministro o cualquier figura pública durante su encargo será atribuible al mismo, así lo haga en el plano personal. Sus actos públicos o privados repercuten en su reputación.
Más allá de lo anterior, Justo Villafañe, considerado el padre de la Teoría de la Reputación, creó el concepto de Transferencia Reputacional. Señala en sus libros que existe una transferencia de doble vía entre la reputación de quien encabeza una organización y la de la propia organización. Esto es, el prestigio de una empresa o institución permea en la persona que la dirige, en la misma forma que el prestigio de un dirigente beneficiará automáticamente a la organización cuando ingrese en la misma. Ello también ocurre en sentido inverso. Esto es, el desprestigio también se transfiere en ambas direcciones, entre la empresa o institución y quien la encabeza o participa en ella.
Si tomamos en cuenta lo anterior, los recientes dislates de los ministros de SCJN, incluyendo la del ministro presidente, están lesionando gravemente la reputación de uno de los Poderes de la Unión.
Los especialistas en comunicación corporativa recomendamos a quienes ostentan cargos públicos, tomar en cuenta que al aceptarlos asumen una investidura que los convierte en personas morales por el rol que desempeñan. Esto es, el presidente de la SCJN lo es durante una sesión solemne en la Corte, pero también durante su tiempo libre o de convivencia familiar. Mientras dure su encargo no puede desprenderse de tal investidura y sus actos, en lo público y en lo privado, siempre serán atribuibles a la persona moral que representan, ligada con la empresa o institución de la que forman parte.
Quienes encabezan una organización ponen en vulnerabilidad la reputación de esta, al mismo tiempo que la reputación de la empresa o institución afecta, de manera positiva o negativa, la de quien la dirige. Ojalá lo tomen en cuenta los ministros, para que cuando se mencione la SCJN ya no se evoque más a la Tremenda Corte, del inolvidable comediante Leopoldo Fernández, Tres Patines, y la institución recobre su prestigio poco a poco.




