Posiblemente estemos más que familiarizados con el cuento de “El Patito Feo”, escrito por el danés Hans Christian Andersen. Ese pobre patito gris, casi sin plumas, del que todos sus otros hermanos se burlaban porque les parecía demasiado feo e insignificante, y porque no era como ellos ellos, que eran preciosos, amarillos y esponjosos. 

El final de la historia también la sabemos todos: El patito no era un patito, sino un hermoso cisne. Cuando creció, todos los demás patos que se reían de él se quedaron boquiabiertos y sorprendidos con la sublime belleza de ese maravilloso cisne de cuello larguísimo y plumas blancas. 

El problema de los cuentos es que nunca sabemos lo que ocurre una vez que se llega al final con el típico “y vivieron fueron felices”. Nunca sabremos si el pobre patito feo fue capaz de superar los insultos, burlas y humillaciones de sus hermanos y conocidos. No sabemos si el hermoso cisne consiguió al final reconocerse en el reflejo que le devolvía el agua o si, en cambio, sentía que aquel que le devolvía la mirada era un extraño.

Por supuesto, esta fábula referida es sólo un cuento, pero sirve para ilustrar una situación que es muy real para muchas personas y que se conoce, precisamente, como el “síndrome del patito feo”.

Si hay algo que se sabe de la adolescencia es que es difícil para casi todos, pero para algunos puede serlo un poquito más de lo normal. Algunas personas enfrentan tantos cambios se dan en sus cuerpos y nuestras cabezas, que los demás alrededor suyo no los perciben ni los entienden. 

Basta con un detalle físico que sea diferente o que llame la atención. Es posible que las burlas no sean tan graves ni tan habituales, pero éstas acaban provocando cicatrices imborrables.

Las experiencias por las que pasamos que nos han llevado a sentirnos así también nos han ayudado a trabajar nuestra personalidad o nuestra inteligencia, y eso es algo que debemos agradecer y sentirnos orgullosos de ello. Es el momento de creer que la gente que nos hace cumplidos los hacen porque los sienten y que se puede ser guapo e inteligente al mismo tiempo sin que aquello que nos digan sea excluyente u ofensivo.

Acudir a un profesional de la salud mental o un psicólogo que nos ayude puede resultar muy beneficioso, para que nos enseñe a ver el cisne que a realmente hay en el espejo y a valorarlo por lo que es y no por lo que fue. Este profesional nos ayudará a reconstruir nuestra autoimagen de una forma más saludable y objetiva, basada en elementos objetivos, dejando atrás los elementos del pasado. Además, podremos aprender a valorar a la persona que somos ahora, en la que nos hemos convertido tanto por las cosas malas como las buenas que nos han tocado vivir.

Y no olviden que todos los sábados a la medianoche los espero en su programa “Exclusivo Para Hombres”, que se transmite por Telefórmula (por favor chequen su sistema de cable predilecto para verificar la nomenclatura de los canales).

E-mail: yazminalessandrini@yahoo.com.mx 

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